24.10.18

Pequeño cuaderno de bitácora (y 3).


- Día 29º.-
Transición calmada. Si no se reduce la tensión no eres culpable.
- Día 30º.-
Bastante tranquilidad hoy vísperas de la indagación.
Los cuatro juntos en el jardín, un minuto y en paz.
Viendo sus fotos, por buscar esperanza… o recuerdo, si no se soluciona. ¡Cuántas dudas!
- Día 31º.-
Bien el trabajo ajeno. Nadie garantiza nada. ¿Efectos próximos o remotos? A seguir esperando más y más.
- Día 32º.-
Un mes ya. Parece imposible.
La recuperación corta bien. Vuelta a la rutina sin apariencia de daño. Nos resentimos nosotros psíquica y, sobre todo, físicamente. Y con menos refuerzos ¿qué hacer?
Enfados con otros por no descargar con uno mismo.
- Día 33º.-
Es como si no tuviésemos futuro. Sólo un presente de tensa presencia que va a acabar con todos nosotros.
- Día 34º.-
Discusiones. Bloqueo de sueño. Fatiga máxima.
Todo sigue igual. Cansancio de gestiones y gestiones del cansancio.
- Día 35º.-
Algo es algo. Pagos. Resolver seguro, esperamos.
A mediodía nos envían a esperar resultados al ‘apartamento‘. Se quitan del medio y te pasan la pelota.
- Día 36º.-
Comienza mes con la nueva situación.
- Día 37º.-
Apretados en poco espacio, gestionando el cuidado. Pero ¿algo mejor? Esperar…
- Día 38º.-
La lentitud y el cansancio nos abaten. Sin adelantos.
- Día 39º.-
Deterioro lento pero seguro. Y sólo hemos cambiado de prisión.
- Día 40º.-
Quebrantos en esperas. Pasear, mal. Poca probabilidad ya.
- Día 41º.-
Fatal. Confirmada la prescripción. Para qué más verificaciones.
Ojalá fuera el principio del fin… pero no es más que el fin del principio.
- Día 42º.-
Cuando tendríamos que volver resulta que no nos hemos ido. El aguante por los suelos. Creciente menoscabo y ¿a dónde vamos a ir en este momento amargo? Llorar, sólo llorar (si no te ven).
Al comenzar la tarde decisión definitiva: nos vamos. Que nos cuiden allí. Ni un día más aquí.
- Día 43º.-
No nos merecíamos la tremenda vuelta. No estamos lo suficientemente averiados para que, sin embrague, se estropee el viaje en intersecciones perdidas de las autopistas. Y sin embargo, en condiciones penosas, llegamos.
- Día 44º.-
El fin del principio… y la vida ya nunca será igual.

22.10.18

Pequeño cuaderno de bitácora (2).

 
- Día 14º.-
Confiar en la opción más benévola, que por supuesto no es gratis tampoco. Conocer el peligro, propio o ajeno. Compartirlo es otra cosa.
Tratar a gente de otro mundo, ‘otros’ mundos ¿qué depara?
Un apretón de manos del nieto del hechicero. Buenos deseos que por la tarde se desvanecen tras la mudanza.
- Día 15º.-
Poco descanso, mucha espera. ¿Podrán resolverse algunos negocios desatendidos por mor de las circunstancias?
Solidaridad de gente de bien ¿podemos esperarla?
- Día 16º.-
Las pruebas no confirman ni desmienten la apreciación, que puede ser peor.
Un poco de tranquilidad le ayudaría, pero a los demás nos aumenta la tensión. ¿Cómo y cuándo se podrá hablar de alivio?
- Día 17º.-
Demasiadas gestiones ajenas a resolver en contextos desconocidos.
Ayuda aquí y ahora, no telefónica. Pero poco a poco se irá tirando ¡qué remedio!
Paseo hasta la secuoya, tranquilizador.
- Día 18º.-
Cierta relajación. Por la tensión continúa.
¿Posibilidad de traslado en fechas futuras para mejor control en entorno conocido? Nada es fácil y cada día no alivia.
- Día 19º.-
Optimismo en él y pesimismo en nosotros. La carga está siendo demoledora físicamente. Mentalmente también pero se sobrelleva mejor… a veces.
- Día 20º.-
Gestiones para él. Pruebas sobre él. A saber cómo resultarán.
¿Mejora objetiva? Quién sabe. Todo se complica alrededor.
- Día 21º.-
Gestiones para indemnización. Sí ¿y a los otros?
Salir del círculo virtuoso de amistades. Y meterse el idealismo donde quepa.
Minados y socavados, sin un futuro nítido.
- Día 22º.-
Premonición. El cielo se ha nublado esta mañana. Un nerviosismo gris acecha.
A mediodía se confirma la importancia. Todo se ha consumado. Elongación del sufrimiento. El infierno van a ser los otros… ya lo están siendo.
- Día 23º.-
Extrema amenaza. Sin una buena solución. ¿Cómo buscar paliativos a que te lo arrebaten?
Ya no hay nada que decir. Nada que  esperar… Sólo lágrimas.
- Día 24º.-
Los expertos más especializados te abren la cabeza como un ventanuco de esperanza. ¿Seguro? ¿Quién corre con los riesgos?
E igual que su dueño, el vehículo se deteriora con los días.
[Y los árboles del sanatorio también están enfermos]
- Día 25º.-
Por fin refuerzos. En ella no se notan.
- Día 26º.-
Un poco de tranquilidad. Tensa espera, sin embargo.
- Día 27º.-
Pautas para el procedimiento el día más lluvioso del verano que terminará matando la esperanza.
El último verano no será para recordar. Seguro. Y en dos días ya se verá.
- Día 28º.-
Frío inicio del otoño. Con mayores dificultades por el deterioro. A esperar la actuación: ¡que sea calma!
No te pueden imponer tu otoño a los treinta años. (Sin pensar en que fuese en su lugar tu invierno).
A mediodía cambio de planes, retrasos, más desolación. Y peligros. Nada se sitúa a favor. ¿De dónde sacaremos energía, si todo se pone en contra cada vez más?

19.10.18

Pequeño cuaderno de bitácora (1).


- Día 1º.-
Después de la visita de julio, todo se ha precipitado. Viaje relámpago de rescate en plena semana grande y ahora traslado con perspectivas de cierta permanencia esperando acontecimientos.
La situación se ha agudizado y otras circunstancias la hacen, si cabe, más gravosa. Esperar no ayuda, llorar no sirve. ¿Dónde está el límite?
La vida se ha jodido irreparablemente.
- Día 2º.-
El ritmo médico tiene menos cadencia que el ritmo familiar.
Hoy como ayer, todo se ha descompuesto y tras la tragedia el naufragio. ¿Qué pecios se podrán salvar? La incerteza aplaza todo.
No esperar nada. Nadie va a salir incólume en el momento de la verdad y alguno no puede darse cuenta de su responsabilidad.
- Día 3º.-
Salir de la ciudad sucia y plomiza. Salir a respirar y oler, verde o mar.
Abre el día y en la playa, descalzo, caminar hasta la orilla. Allí, solo, lejano, mirar al mar y sentirlo. Pero el mar también está en la mente. Y pide su tributo: un poema.
Al despedirse del mar y de la arena negra, un sueño reparador te aleja de la pena.
- Día 4º.-
Día gris, espera gris. Sube la tensión.
Tarde de lectura para sobrellevar la inacción que te vence.
- Día 5º.-
Otra vez playa y un simulacro de mar. El viejo puerto pintoresco y folclórico. Cañas, ravas y fotos, por lo menos.
Se acerca la hora de la verdad, sólo los íntimos sabemos lo que espera. Y tan pocos casi no dan consuelo. El  dolor del alma ¿quién lo aplaca?
- Día 6º.-
El día definitivo, en principio. Explicaciones con el fin de que todo nos cambie. Para que nos quede inaugurada una etapa. Dura. Durable.
Difícil recuperación de lo anterior. ¡Ya nada será igual, sino peor!
Todo condicionamiento habrá sido un juego de niños respecto a los que vendrán, o los que ya, hoy, están aquí. Todo pendiente de hilos que no se manejan, que mueven otros.
Días de llantos. Por él, por mí… por todos.
- Día 7º.-
Dificultades para encarar el estado de los demás o el propio. Mejoras: ficciones.
Cambio de actitud. ¿Cuándo cambiará la cuasicerteza de la desesperanza?
Resignación.
- Día 8º.-
¿Cuándo se irá  todo al carajo?
Falsas ilusiones fuera de la realidad. Correr riesgos y perder esperanza. Riesgos previsibles. Esperanza vana.
- Día 9º.-
Distracciones pocas en esperas largas y tensas.
- Día 10º.-
Pequeños destellos de confianza. Mas larga es la cura y el cuidado largo.
- Día 11º.-
La insoportable levedad del  ser.
Quebradizo como vidrio, no se vislumbra luz al final del túnel, aunque el funicular descienda despacio y seguro.
- Día 12º.-
Sin poder comunicar con exactitud la situación, dada la indelicadeza de desvelar el asunto. Nadie te consuela de veras.
Ni siquiera la lluvia… que traía truenos.
- Día 13º.-
Confirmado el primer quebranto oportunista, no ayuda ahora ni el cuándo ni el porqué. Esperar su inocuidad ilusamente quizás. O sufrir las consecuencias, más.
Qué diferente se torna el mundo cuando lo restringes a las cuatro paredes clínicas.
Mañana será otro jodido día.

18.9.18

¿Realismo socialista?


[de la biblioteca paterna]

Máximo Gorki fue fundador del movimiento literario del realismo socialista, del cual es un exponente su obra. Principalmente la novela 'La madre', considerada generalmente como la primera obra realista socialista. Gorki fue un importante factor en el rápido crecimiento de esta corriente y en su opúsculo 'El realismo socialista' trazó sus fundamentos. Aunque el realismo socialista tiene sus raíces en el neoclasicismo y las tradiciones realistas de la literatura rusa del siglo XIX, que describen la vida común del pueblo. Entronca pues, con una tendencia decimonónica a representar la vida social del proletariado. El término "realismo" se utiliza por la intención de describir al trabajador como se supone que es en realidad. Su objetivo es exaltar a la clase trabajadora común, al presentar su vida y trabajo como materia digna de estudio. En otras palabras, lo que se pretendía era educar al pueblo en las miras y significado del socialismo. [De Wikipedia].
* 
Como señaló el propio Gorki: "No hay gente inútil, sólo hay gente perjudicial". Un pequeño relato suyo, dentro de otra obra, no sería ningún ejemplo de lo anterior. Más bien lo leemos como una precuela del 'realismo sucio' que vendrá mucho después y en otro contexto. Pero, independientemente de su adscripción, nos resulta un buen ejemplo de una prosa moderna que adecúa forma y contenido, con equilibrio entre estilo indirecto y estilo directo, sin largos párrafos, ni fárragos y con contención en el uso de imágenes literarias. Una lectura que, por sencilla, no deja de ser admirable, aún con el poso de amargura que nos transmite:


MISERIA DE NINA
"UNA tarde, cansado de trabajar, me había tendido al suelo en el ángulo de un caserón de piedra; sobre el muro, los rayos del sol hacían resaltar las hendiduras profundas y las manchas de barro.
En el interior de la casa, día y noche, parecidos a las ratas en una bodega, se agitaban unos hombres hambrientos y sucios; llevaban el cuerpo cubierto de guiñapos, y sus almas estaban tan mancilladas como sus cuerpos.
Por las ventanas de la casa se escapaba, semejante al humo espeso y lento de un incendio, el rumor sordo y monótono de la vida hormigueante; sumido en una especie de somnolencia, escuchaba yo este rumor triste.
De pronto, cerca de mí, surgió una voz delicada y dulce de detrás de unos toneles vacíos y unas cajas viejas:
Do, do, el niño do,
el niño dormirá pronto ...

Jamás había oído en aquella casa a las madres cunar a los niños con tanta ternura. Me levanté sin ruido y miré tras los toneles. Una muchacha estaba sentada sobre una de las cajas. Su cabeza, llena de rizos rubios, se inclinaba profundamente y, balanceándose, seguía su canción triste.

Do, do, pequeño muñeco,
la mamá vendrá pronto
y te traerá pasteles ...

En sus manitas sucias tenía el mango de una cuchara de madera, envuelta con un trapo rojo, y lo contemplaba con sus grandes ojos.
Tenía unos bellos ojos, claros y tiernos, de una tristeza rara en los niños. Su expresión me hirió de tal modo, que no me apercibí de la suciedad de su cara y de sus manos.
Sobre la muchacha, como si fueran nubes de hollín y de ceniza, pasaban los gritos, las injurias, las risas de borrachos, los llantos; en torno a la niña todo estaba roto y mutilado, y los rayos del sol iluminaban los restos de las cajas, dándoles el aspecto lúgubre de un organismo destrozado por la mano implacable de la pobreza.
Hice un movimiento involuntario, y la jovencita se enteró de mi presencia; se encogió como un ratoncito ante un gato. Sonriendo, miré su cara triste, tímida y mugrienta. Cerró fuertemente los labios, y sus cejas delgadas temblaron; después se levantó, sacudió con aire atareado su ropa desgarrada, que conservaba apenas su antiguo color rosa, metió su muñeca en el bolsillo, y con una voz clara y vibrante me preguntó:
-¿Qué miras?
Tendría once años próximamente; era delgada, encantadora. Me miró atentamente, y sus cejas temblaban todavía.
-¡Bueno!- continuó después de un momento de silencio-. ¿Qué quieres?
-Nada... Diviértete... Yo me iré -respondí-.
Entonces ella
dio un paso hacia mí, frunció el entrecejo con expresión de repugnancia, y me dijo con voz alta y clara:
-Vienes conmigo... Me darás quince copecks.
De momento no comprendí; pero recuerdo que me estremecí ante algo horrible.
Ella se acercó, apretándose contra mi cuerpo, y esquivando mi mirada dijo con voz monótona
y tierna:
-Vamos... Yo no tengo vergüenza de hacer la carrera para buscar a un hombre... Por otra parte, no puedo salir ahora... El querido de mi madre ha vendido mi traje para comprar aguardiente... ¡Vamos!
Con dulzura y sin decir palabra la rechacé. Ella se fijó en mí con aire de extrañeza, pareciendo no comprenderme; sus labios se movían convulsivamente. Por último levantó la cabeza, mirando a lo alto, con sus grandes ojos abiertos y tristes, y dijo con voz baja:
-No hagas muecas... Te crees que gritaré porque soy pequeña. No tengas miedo. Antes gritaba, es cierto; pero ahora ya no...
Y sin acabar escupió con un aire de indiferencia.
Yo me alejé, llevando en mi corazón un horror indescriptible con la mirada de los ojos claros de la niña".

[Máximo Gorki.- 'En la cárcel'. Ed. Mundo Latino. Madrid 1929]