1.1.19

Una mera nada.



 "Una mera nada pero inolvidablemente significativa". Reginal Horace Blyth.

En estos días de final de año tan sensibles, acabamos de encontrar unas páginas de Rafael Sánchez Ferlosio que nos han interesado sobremanera a propósito de la representación, pero que, por otra parte, no han dejado de conmovernos profundamente. Helas aquí:

“El poema sentimental más emotivo que conozco es un hai-ku que dice así:
    ‘Al sol se están secando los kimonos:
    ¡Ay, las pequeñas mangas
    del niño muerto!’
    El poema está, como se ve, drásticamente truncado en dos mitades, hasta el punto de que podría decirse que todo su mecanismo formal se reduce a esa fractura, la cual, por lo demás, no podría pertenecer más completamente al contenido; el poema entero bascula sobre el “ay” que da comienzo al segundo verso. La imagen más aproximada que se me ocurre para representar la forma del poema es la de que el poeta se limita en el primer verso a presentarnos una caña para troncharla acto seguido en el segundo y tercer versos. En la mañana de la muerte, un padre, al percibir de pronto la claridad del día, que ha crecido del todo sin que nadie la sintiese, alza los ojos, desvelados por una larga noche de agonía, y se vuelve a mirar por la ventana abierta hacia el jardín, donde se le presenta una visión perfectamente cotidiana: los kimonos, tendidos el día anterior, yacen o cuelgan desplegados al sol, componiendo, con esa singular capacidad de los vestidos para representar a las personas, una especie de retrato familiar; pero de pronto la aturdida mirada es asaltada por la imagen del kimono del niño que acaba de morir: los dos últimos versos no podrán ya ser dichos en voz alta, ahogados por la ola arrolladora del sollozo –cuya irrupción es indicada por el “ay”- que sube por el pecho a romper en la garganta. Ningún poema, a mi entender, podría ilustrar más acertadamente cómo surge el llanto, cómo es la representación reflexiva, posibilitada, mediada y sustentada por elementos sensibles y expresivos, su desencadenador característico. ¿Por qué no el propio cuerpo muerto, que yace todavía sobre el lecho, y sí, en cambio, el kimono que se ve por la ventana, puesto a secar al sol? El cuerpo es el niño y es el lugar del hecho, el kimono significa el niño y es el lugar de la representación; siempre necesitamos un espejo para saber lo que nos ha pasado. ¿Cuál es aquí, concretamente, el mecanismo de la reflexión? ¿En qué consiste la desgarradora virtud expresiva del kimono? Hay, por así decirlo, dos series de elementos biunívocamente coordinadas: la que componen los propios miembros de la familia y la que componen sus kimonos desplegados al sol; ahora bien, en la primera de las dos series causa de pronto baja un elemento, sin que haya dado, entre tanto, tiempo para eliminar de la segunda serie el elemento correlativo: el pequeño kimono, tendido cuando el niño todavía estaba vivo, sigue allí todavía, entre los de los que todavía viven, como si el niño todavía viviera; la superposición de las dos series forma como un palimpsesto, en cuya repentina, sensible y precisa discordancia cobra vivísima expresión todo el contraste entre el antes y el después, entre el todavía-y-siempre de la cotidianidad y el ya-no-nunca-jamás de la tragedia. El todavía de las pequeñas mangas movidas por la brisa despliega por reflexión ante los ojos todo el abismo del ya no de los pequeños brazos movidos por la vida. Hablar aquí de eficacia literaria sería atribuir a este poema algún ardid retórico que enfatizase la naturaleza de los hechos mismos; no, el poema se limita a enunciar con la mayor precisión y austeridad, o mejor todavía, a reproducir literalmente, el propio acontecimiento psicológico; no hay en él ni una sola gota más de literatura de cuanta no contenga ya de suyo la propia psique humana. Todo llanto de compasión es promovido a partir de representaciones y toda representación se constituye sobre elementos semánticos y expresivos y es siempre, por consiguiente, esencialmente literaria”. (*)

(*) Sánchez Ferlosio, R.- Las semanas del jardín. Ed. Nostromo. Madrid, 1974.
También en ‘Altos Estudios Eclesiásticos (Ensayos 1): Gramática. Narración. Diversiones’. Ed Debate (Penguin Random House). Barcelona, 2015.
*
En el análisis de la obra ensayística de Ferlosio, Ruescas Juárez  nos dice lo siguiente:
“La segunda de las ‘Semanas del jardín’ contiene una reflexión sobre la representación y sobre la naturaleza psicológica de la participación en lo representado (o fingido). Ferlosio aborda este asunto preguntándose, en primer lugar, por un modo de participación emocionalmente intenso: ¿por qué lloramos ante algo?, ¿qué nos hace llorar? A este respecto, es significativo que también podamos llorar ante la ficción (en la que, por definición, no estamos directamente implicados).
Si la ficción nos puede hacer llorar, es porque conserva lo esencial de aquello que desencadena el llanto. De modo que el desencadenante del llanto no parece ser la inmediata percusión del hecho en nosotros, sino la mediata y secundaria representación reflexiva que de él nos  hacemos.
El llanto, pues, nace de una mediación reflexiva. Así lo confirma (…) un haiku (…) citado anteriormente (…)”
 [“Tras una noche en vela ante el cadáver del niño que ha muerto los familiares están aturdidos, como ausentes. Un poco de viento hace que se mueva la pequeña manga del kimono del niño, que estaba puesto a secar con el resto de la ropa, y esta imagen hace surgir el lloro los familiares.”](***)
            
 “En efecto, lo que desencadena el llanto no es el niño muerto, sino su evocación o representación mediada por elementos sensibles (el kimono al sol).  Lo que promueve el llanto de compasión son las representaciones, y toda representación es mediación, se compone de  elementos que, de un modo u otro, son semánticos y expresivos (…)
La principal tesis de Ferlosio sobre esto es que no se participa del hecho sino de la representación del hecho (…) el desencadenante de la implicación afectiva (en este caso, del llanto) es la representación reflexiva (…) El cuerpo muerto es el niño, mientras que el kimono significa el niño, es el lugar de la representación”. (**)


(**) [Ver Ruescas Juárez, J. A.- ‘Rafael Sánchez Ferlosio, pensador. Estudio de las constantes de sus ensayos’. 
T e s i s D o c t o r a l. UNED 2014:






10.12.18

En los duros jardines de la piedra.


[de 'Muerte sin fin' (J. Gorostiza)].

4
(…)
largas cintas de cintas de sorpresas
que en un constante perecer enérgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fábrica
hasta que -hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros-
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y sueña que su sueño se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte…

11
(…)
En la red de cristal que la estrangula,
el agua toma forma,
la bebe, sí, en el módulo del vaso,
para que éste también se transfigure
con el temblor del agua estrangulada
que sigue allí, sin voz, marcando el pulso
glacial de la corriente.
Pero el vaso
-a su vez-
cede a la informe condición del agua
a fin de que -a su vez- la forma misma,
la forma en sí, que está en el duro vaso
sosteniendo el rencor de su dureza…

15
(…)
cuando las plantas de sumisas plantas
retiran el ramaje presuntuoso,
se esconden en sus ásperas raíces
y en la acerba raíz de sus raíces
y presas de un absurdo crecimiento
se desarrollan hacia la semilla,
hasta quedar inmóviles
¡oh cementerios de talladas rosas!
en los duros jardines de la piedra.

18
(…)
Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda, putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!




24.10.18

Pequeño cuaderno de bitácora (y 3).


- Día 29º.-
Transición calmada. Si no se reduce la tensión no eres culpable.
- Día 30º.-
Bastante tranquilidad hoy vísperas de la indagación.
Los cuatro juntos en el jardín, un minuto y en paz.
Viendo sus fotos, por buscar esperanza… o recuerdo, si no se soluciona. ¡Cuántas dudas!
- Día 31º.-
Bien el trabajo ajeno. Nadie garantiza nada. ¿Efectos próximos o remotos? A seguir esperando más y más.
- Día 32º.-
Un mes ya. Parece imposible.
La recuperación corta bien. Vuelta a la rutina sin apariencia de daño. Nos resentimos nosotros psíquica y, sobre todo, físicamente. Y con menos refuerzos ¿qué hacer?
Enfados con otros por no descargar con uno mismo.
- Día 33º.-
Es como si no tuviésemos futuro. Sólo un presente de tensa presencia que va a acabar con todos nosotros.
- Día 34º.-
Discusiones. Bloqueo de sueño. Fatiga máxima.
Todo sigue igual. Cansancio de gestiones y gestiones del cansancio.
- Día 35º.-
Algo es algo. Pagos. Resolver seguro, esperamos.
A mediodía nos envían a esperar resultados al ‘apartamento‘. Se quitan del medio y te pasan la pelota.
- Día 36º.-
Comienza mes con la nueva situación.
- Día 37º.-
Apretados en poco espacio, gestionando el cuidado. Pero ¿algo mejor? Esperar…
- Día 38º.-
La lentitud y el cansancio nos abaten. Sin adelantos.
- Día 39º.-
Deterioro lento pero seguro. Y sólo hemos cambiado de prisión.
- Día 40º.-
Quebrantos en esperas. Pasear, mal. Poca probabilidad ya.
- Día 41º.-
Fatal. Confirmada la prescripción. Para qué más verificaciones.
Ojalá fuera el principio del fin… pero no es más que el fin del principio.
- Día 42º.-
Cuando tendríamos que volver resulta que no nos hemos ido. El aguante por los suelos. Creciente menoscabo y ¿a dónde vamos a ir en este momento amargo? Llorar, sólo llorar (si no te ven).
Al comenzar la tarde decisión definitiva: nos vamos. Que nos cuiden allí. Ni un día más aquí.
- Día 43º.-
No nos merecíamos la tremenda vuelta. No estamos lo suficientemente averiados para que, sin embrague, se estropee el viaje en intersecciones perdidas de las autopistas. Y sin embargo, en condiciones penosas, llegamos.
- Día 44º.-
El fin del principio… y la vida ya nunca será igual.