4.4.14

Poemas de una mujer de treinta primaveras (1).


4 de abril

POEMA I

Mimosas en guirnaldas amarillas
Adornan tus cabellos de elegancia,
Regalan a los vientos tu fragancia,
Invaden tu belleza de semillas.

Alejada, mi amor, cientos de millas,
No te importa que medie la distancia,
Te refugias en cumbres de tu infancia,
Esperas que no surque tus orillas.

¿Quién turbará tu paz y tu alegría
Un momento fugaz algunas tardes,
Instantes en que sientas claroscuros?.

Escuchando mis versos cada día,
Recibirás mis besos cuando guardes
Obediencia fatal a mis conjuros.




'Sonetos en forma de sonata'.

a M.

24.3.14

'Poeta negro'.



'Antonin Artaud por Man Ray'
(Lamaquinadeltiempo)



" Poeta negro, un seno de doncella
te obsesiona
poeta amargo, la vida bulle
y la ciudad arde,
y el cielo se resuelve en lluvia,
y tu pluma araña el corazón de la vida.

Selva, selva, hormiguean ojos
en los pináculos multiplicados;
cabellera de tormenta, los poetas
montan sobre caballos, perros.

Los ojos se enfurecen, las lenguas giran
el cielo afluye las narices
como azul leche nutricia;
estoy pendiente de vuestras bocas
mujeres, duros corazones de vinagre. "

 (A. A.) 
(de 'El ombligo de los limbos')

17.3.14

'Heart of Darkness'.

"El destino. Mi destino...
Yo he lu­chado con la muerte. Es el combate menos emocionante que pueda imaginarse. Tiene lugar dentro de una impalpable ne­blina gris, sin nada en qué apoyarse, sin nada a tu alrededor, sin espectadores, sin aplausos, sin gloria, sin ese gran deseo de victoria, sin miedo a la derrota, en una atmósfera enfermi­za llena de tibio escepticismo, sin mucha fe de tu lado, y to­davía menos del de tu adversario. Si tal es la forma de la sa­biduría definitiva, entonces la vida es un enigma mayor de lo que algunos creemos. Estuve a un paso de pronunciarme, y descubrí con humillación que probablemente no tenía nada que decir".


"¡El horror! ¡El horror!" (J. C.)

***


"Qué extraña es la vida –ese misterioso acuerdo, de una lógica cruel, y con un propósito inútil-. Lo más que se puede esperar de ella es alcanzar cier­to conocimiento de uno mismo -cosa que sucede demasiado tarde-, y una cosecha de interminables reproches".