15.2.10

Farewell, Angelina


De nada sirve hablar y no hay por qué culparse,

nada hay que demostrar, ya todo sigue igual,

una mesa permanece vacía a orillas de la mar,

adiós Angelina,

el cielo está cambiando su color y yo tengo que marcharme.

(Dylan).


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¡Cómo pueden aplicársele sus últimos versos en un pequeño epitafio!

"...Y cual límpido humo
que la luz entristece
la gravedad del mundo
sin ti se desvanece."




7.1.10

23.11.09

Más ... que el caballo...

a CC



(by Sr. Verle)


[Como lagartos al sol]
contemplando
como se pasa la vida,
como se viene la muerte,
tan callando.


23.10.09

Mano izquierda



(by Sr. Verle)
 
 

Hay que tener mano izquierda, no sólo figuradamente para, discrepando con tu administrador, seguir escribiendo en el blog que bien te paga.
 
Hay que tener mano izquierda, por si en batalla cruenta pierdes la derecha y tienes que dedicarte profesionalmente a tocar el piano.
 
Hay que tener mano izquierda, y saber usarla con autonomía de tu mano derecha para que, acariciando el cuerpo de la mujer amada, no pueda ella reprocharte que no sabes hacer bien dos cosas al mismo tiempo.

Hay que tener mano izquierda...



4.9.09

Le thé au harem d'Archimede



L' harem d'Archimede sans thé







... mais, avec la dernière lune d'été


11.3.09

J'ai perdu ma plume...


(París)









...dans le jardin de ma tante.

15.11.08

5.6.08

Aniversario


(by google)


Hay canas en tu pelo.

Las jóvenes ya no se quedan de repente sin respiración

cuando tú pasas.


‘Los sueños rotos’ (W. B. Yeats)


26.3.08

Atlântico





(Sr. Verle)


Mar,
Metade da minha alma é feita de maresia.

Atlântico (S. M.)



(Sr. Verle)



3.3.08

Los bárbaros


del Imperio Romano...



(Sr. Verle)


al Imperio Austro-húngaro...


(Sr. Verle)

14.2.08

La de San Quintín...

... Tarantino y el sexo

(viene del NJ)



(Fotografía de David LaChapelle)




INTERIOR. MOTEL (habitación seis) - DE NOCHE
BUTCH & FABIENNE
Acurrucada sobre la cama, completamente vestida, de espaldas a la cámara, está FABIENNE, la amiga francesa de Butch.
FABIENNE (Maria de Medeiros): Apaga la luz.
Butch aprieta de nuevo el interruptor y la habitación vuelve a quedar a oscuras.
BUTCH (Bruce Willis): ¿Está mejor así, cariño?
FABIENNE: Oui. ¿Has tenido un día duro en la oficina?
BUTCH: Muy duro. Hoy he tenido una pelea.
FABIENNE: Pobre. ¿Podemos hacer la cuchara?
Butch se mete en la cama y se acuchara a Fabienne por detrás. Cuando Butch y Fabienne hablan entre sí, lo hacen como ado­lescentes.
FABIENNE: Me estaba mirando en el espejo.
BUTCH: ¿Y?
FABIENNE: Desearía tener una barriguita.
BUTCH: ¿Te miraste en el espejo y deseaste tener un poco de barriga?
FABIENNE: Una barriguita. Las barriguitas son sexy.
BUTCH: Pues deberías sentirte feliz, porque la tienes.
FABIENNE: No digas mentiras. No tengo barriguita. Lo que tengo es un poco de vientre, como Madonna cuando hizo Lucky Star. Pero eso no es lo mismo.
BUTCH: No me había dado cuenta de que hubiera una di­ferencia entre tener barriga y tener vientre.
FABIENNE: La diferencia es enorme.
BUTCH: ¿Y quieres que yo también tenga barriga?
FABIENNE: No. Las barrigas hacen que los hombres parez­can idiotas o como un gorila. Pero una barriga, en una mujer, es algo muy sexy. El resto del cuerpo es normal. Una cara normal, unas piernas normales, unas caderas normales, un trasero normal, pero con una gran barriga, perfectamente redondeada. Si tuviera una, me pondría una camiseta dos tallas menores para acentuada.
BUTCH: ¿Y crees que eso les parecería atractivo a los hom­bres?
FABIENNE: No me importa que a los hombres les parezca atractivo o no. Es una verdadera pena que lo que nos parece agradable al tacto, raras veces nos lo parezca a la vista.
BUTCH: Si yo tuviera una barriga, te apretaría con ella.
FABIENNE: ¿Me apretarías la barriga?
BUTCH: Directamente en la barriga.
FABIENNE: Pues yo te sofocaría. Me dejaría caer directa­mente sobre tu cara, hasta que no pudieras respirar.
BUTCH: ¿Me harías eso?
FABIENNE: ¡Sí!
(…)
FABIENNE: ¿Así que todo salió bien al final?
BUTCH: Todavía no hemos terminado, cariño.
Fabienne se da la vuelta y Butch se coloca sobre ella. Se besan.
FABIENNE: Corremos mucho peligro, ¿verdad?
Butch asiente con la cabeza: «Sí».
FABIENNE: Si nos encontraran, nos matarían, ¿verdad?
Butch asiente con la cabeza: «Sí».
FABIENNE: Pero no nos encontrarán, ¿verdad?
Butch niega con la cabeza: «No».
FABIENNE: ¿Todavía quieres que vaya contigo?
Butch asiente con la cabeza: «Sí».
FABIENNE: No quiero ser una carga o una molestia...
Las manos de Butch desaparecen del encuadre y empieza a aca­riciar la entrepierna de Fabienne.
Fabienne reacciona.
FABIENNE: ¡Dímelo!
BUTCH: Fabienne, quiero que estés conmigo.
FABIENNE: ¿Para siempre?
BUTCH: Para siempre.
Fabienne echa la cabeza hada atrás.
Butch continúa acariciándole la entrepierna.
FABIENNE: ¿Me amas?
BUTCH: Oui.
FABIENNE: ¿Butch? ¿Me darás siempre placer oral?
Butch la besa en la boca.
BUTCH: ¿Quieres chupármela?
Ella asiente con la cabeza: «Sí».
FABIENNE: Pero tú antes.
La cabeza de Butch desaparece del encuadre para darle placer oral a Fabienne, cuyo rostro queda a solas en el encuadre.
FABIENNE (en francés, con subtítulos en inglés): Butch, amor mío, empieza la aventura.
LA ESCENA SE FUNDE EN NEGRO.
(EL RELOJ DE ORO. ‘PULP FICTION’ Roger Avery y Quentin Tarantino).


30.1.08

A la magritteana manera...


... de entrada, no.

Creer
que esto
no es una entrada,
la convierte en una entrada.
●●●

(Leer una entrada no es una salida,
escribirla, quizás, sí).
Escrito por Sr. Verle en el Nickjournal.

13.1.08

'Muerte sin fin' (J. G.)

I
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí -ahíto- me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
-más resabio de sal o albor de cúmulo
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante -oh paradoja- constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
allí, como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
¡Mas qué vaso -también- más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual,
una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!