6.2.26

Sueños.



 

   

Estando consciente y despierto, no he solido en toda mi vida tener muchos sueños, aunque yo los llamaría mejor, ilusiones. Ahora que uno va llegando gradualmente al fin, muchos menos. Sin embargo, cada vez los sueños nocturnos son más abundantes. O por lo menos son mucho más fáciles, por intensos, de recordar al despertar.

Decía Freud que los llamados sueños diurnos eran el núcleo y los modelos de los sueños nocturnos (las visiones que ‘soñaríamos’ despiertos serían una fase previa de los sueños nocturnos). Éstos, decía, no son sino ‘sueños’ diurnos que se habrían vuelto utilizables por la liberalización que durante la noche (desde el subconsciente) experimentarían las emociones pulsionales y que son desfigurados (como pesadillas) por la forma nocturna de la actividad anímica.

Más que eso, los sueños nocturnos (que se quedarían casi siempre en lo privado) no tendrían dimensión de futuro (lo que se nos aparecería sería el pasado). Y sí creo que los sueños nocturnos nos ayudarían a asimilar las experiencias traumáticas (*) del pasado una vez que éstas ya han sucedido.

 

(*) p. e. la traición de un amigo, el abandono de una amante, el conflicto con un socio o colega, el problema con un familiar, etc.

16.1.26

On Swift Horses

Dont't look a gift horse in the mouth.

 


Sr. Verle

 

Sr. Verle

 

Sr. Verle

 

Sr. Verle

 

(On Swift Horses).

 

They Shoot Horses, Don’t They?

 

15.12.25

El cuento de la criada

 

 
 

Nada más rompedor de los esquemas que, recién llegado del campo, la asistenta te pone un whatsapp a las 8 de la mañana, cuando te levantas, diciéndote que, por gripe, no va a poder venir a tu casa.

Con lo cual, aparte de hacerte el desayuno y llevar a cabo las tareas de aseo personales correspondientes, como todos los días, a partir de las 9 empiezas a organizar las labores de mantenimiento del hogar:

Recoger y fregar de la loza, incluida la de la cena, separando lo que puede introducirse en el lavavajillas y lo que, por delicado, hay que lavar y enjuagar a mano.

Cambiar la ropa de cama y hacer ésta con la sábana de abajo del derecho, la de arriba del revés, para que el embozo quede del derecho, cambiando previamente, en colchón y almohadón, las fundas oportunas.

Separar la ropa blanca de la de color, poner la lavadora en el programa apropiado y esperar a que termine para poner la secadora, que está lloviendo.

Fregar e higienizar los aparatos sanitarios.

Pasar la aspiradora a todas las estancias, moviendo los muebles (como su nombre indica) y fregar los suelos de los cuartos húmedos.

Así, a partir de las 11, tras las faenas de aliño, puedes pasar a las de administración hogareña (oikonomía que dirían los griegos), organizar las facturas de mediados del mes, comprobar cuentas e inversiones bancarias, leer y escribir correos y realizar las llamadas telefónicas que procedan.

Luego puedes desde el ordenador conectarte a la alta cultura de internet, actualizando twits y facebooks, leyendo los blogs, como ahora, y subiendo alguna ocurrencia como parte de la rutina de jubilación que nos toca.

Dejamos para otros días el planchado de toda la ropa, otra mañana, y faltaría el vertido de los residuos clasificados, por lo menos dos veces por semana.