4.2.22

Novalis again.

"La luz es el primer animal visible de lo invisible".
 [Valente vs. Lezama].

En la campiña, al calor de la chimenea, en días alejados, leyendo sus libros llenos de marcas de lecturas muy diferentes, vuelvo a Novalis:

"Todo lo visible reposa sobre un fondo invisible;
lo que se entiende, sobre un fondo que no se entiende;
lo que es tangible, sobre un fondo impalpable".

A veces, esas marcas me sorprenden porque, como suele suceder, no sé lo que pensaba cuando las hacía.

Es como él dejó escrito:

"Hay en la piedra un signo misterioso 
grabado en el fondo de su
sangre ardiente".

(by Google) 


* * *

 Pero hemos acabado, ya lo han subido a otro blog, desembocando en Georg Trakl quién dijo de Novalis:

"Una flor azul
sobrevive su canto en la nocturna casa del dolor".

Y es que la poesía, como escribe Herta Müller, es más pragmática para sobrevivir, te da más tranquilidad...


2.2.22

Luz y sombra.


«Si se compara con luz blanca el ideal puro espiritual, los ideales de las diversas culturas pueden compararse con las luces de colores que surgen cuando la luz pura aparece a través de cristales de colores. Imagínate un ser humano que desde su nacimiento vive siempre en una estancia en la que la luz entra sólo a través de cristales rojos. Éste quizá no se pueda imaginar que haya otra luz que la suya, considerará la cualidad roja como esencial a la luz, en cierto sentido no notará en absoluto la rojez de la luz que le rodea. En otras palabras: considerará su luz como la luz y no como un tipo especial de turbiedad de la única luz. (...)
La luz es el ideal y la luz turbia el ideal de la cultura. Éste se considerará el ideal mientras la humanidad no haya llegado todavía al límite de esa cultura. Pero tarde o temprano llegará a ese límite, pues toda cultura es sólo una parte limitada del espacio.» 

Wittgenstein, L.- LUZ Y SOMBRA. Ed. Pre-Textos. Valencia, 2006.
Traducción de Isidoro Reguera.

* * *

Este fragmento epistolar (intitulado "El ser humano en la campana de cristal roja” y presuntamente destinado a su hermana Hermine, en 1925) sirve para rastrear otra huella de la actitud personal de Wittgenstein frente a los valores espirituales, no siempre explícitos en su obra.
Desde su punto de vista, los seres humanos contemplan el mundo a través de una cultura -arte y ciencia- que se asocia con la falta de claridad.  Metafóricamente, una luz enturbiada que implica una visión imperfecta y confusa de las cosas. Wittgenstein evoca ahí analogías con Platón y su alegoría de quienes viven en la oscura caverna que, no echando de menos la luz, consideran su visión como la verdadera. Mientras permanezcan en esa luz enturbiada apenas existirá un anhelo de la luz pura. Sin embargo, su desencanto con la decadencia espiritual de su Viena no le hizo perder toda esperanza. Wittgenstein no admite duda respecto a que ese ideal espiritual -la luz- eclipse cualquier forma cultural de civilización humana: La confrontación con la luz, conmueve.




31.1.22

Coleman.

 

 (by  google)



Hace más de 6 años que moría Ornette Coleman, free hasta el final.

Es imposible escuchar jazz (de Louis Armstrong a Miles Davis, de Charlie Parker a Ornette Coleman) sin reponer, en el acto mismo de la escucha, la tradición jazzística anterior. Esa tradición está presente incluso en las ausencias, en los silencios de la tradición, en las rupturas.

El sonido de los instrumentos en el jazz, que es diferente del sonido de esos instrumentos en todo el resto de la música, está construido en continuidad o en debate como homenaje o como crítica de la tradición. Cada gran músico de jazz escucha todos los sonidos anteriores de su instrumento hasta alcanzar el que va a ser particularmente suyo.





El azar y la necesidad.


[En enero].

Hace ya algún año, coincidí con dos afectuosas personas blogueras en una gran ciudad del norte y en aquellas cortas horas de entrañable charla no podía presentir que a partir de entonces mi vida pudiera dar un vuelco tan enormemente amargo y sufrir un vaciamiento tan absoluto...

Pero “el mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones” que dice Borges y en estos otros días, en relación con cursos de verano de la Fundación Castilla del Pino, se nos recordaba en cierto blog el proverbio: ‘el destino es una piedra atada al cuello’. Lo fortuito, sobre lo que también leemos en "Azar: el sacro desorden de nuestras vidas", recopilación en Ed. Abada de autores varios que lo rastrean por la filosofía.

Y pensamos en ese azar (suerte o, como es corriente en muchas de las fuentes clásicas, fortuna que, aristotélicamente, no es causa de nada), componente de incertidumbre que se escapa a la previsión y que interrumpe el curso de las cosas dándole unos giros imprevistos para bien o para mal. Fortuna vs. infortunio, pues.

Las cosas humanas no han encontrado aún un soporte teórico medianamente consistente en el marco de la investigación científica, y es que las cosas de los mortales son imprevisibles, variables y contingentes.

Pero allí donde el intelecto no puede explicar lo que nos acontece, aparece un relato que permite narrarlo y, por tanto, dotar de sentido a la historia individual de la existencia humana. Esa que, según Marquard, no es más que una extraña combinación entre lo que decidimos hacer y aquello que sin más nos pasa. Se contarían entonces historias para no morir todavía, sin tener en cuenta que la propia escritura no sería sino, ella, un aviso o, más, un recuerdo de la muerte.

Siempre hemos querido cuestionarnos cómo dotar de significación a aquello que nos acontece al margen de toda previsión, proyecto o expectativa e intentar reducir a esquemas explicativos los acontecimientos excepcionales que irrumpen de modo significativo en nuestras vidas, beneficiando o frustrando un proyecto existencial articulado en torno a fines.


Ante la opacidad de cierto tipo de acontecimientos  que no podemos explicar satisfactoriamente -y la muerte lo es-, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Por qué en ese momento? ¿Por qué a mí?

[... a raíz de ello lo que haces es escribir para no olvidar].

*


Y ahora en la convalecencia le lees a Trakl:

‘Mátame dolor. Quema la herida.
Este martirio es una cosa vana.
Mira cómo florece de mi herida
en la noche una estrella arcana.
Todo está consumado. Muerte, sé humana’.