12.1.22

La peste.



La Peste. Albert Camus.
Trad. Rosa Chacel. Edhasa. Barcelona 1977.

[ca.1947]

2
(…)
- Ustedes no han comprendido todavía -observó Rambert alzando los hombros.
- ¿Qué?
- La peste.
- ¡Ah! -dijo Rieux.
- No, ustedes no han comprendido que su mecanismo es recomenzar.
Rambert fue a un rincón del  cuarto y abrió un pequeño gramófono.
- ¿Qué disco es ése? -preguntó Tarrou-; creo que lo conozco.
Rambert respondió que era ‘Saint James Infirmary’.
En medio del disco se oyeron dos tiros a lo lejos.
- Un perro, o una evasión -dijo Tarrou.
Un momento después el disco se acabó y la sirena de una ambulancia se empezó a distinguir, creciendo al pasar bajo la ventana y disminuyendo después hasta apagarse.
- Este disco es absurdo -dijo Rambert-. Y además es la décima vez que lo oigo en el día.
- ¿Tanto te gusta?
- No, pero no tengo otro.
Y después de un momento:
- Está visto que la cosa consiste en recomenzar.
(…)

* * *

Existen canciones, pasajes melódicos, que se instalan en tu vida tras innumerables escuchas, convirtiéndose en banda sonora de tu propia historia personal.
Se trata de uno de los temas más versionados del blues y del jazz: ‘St. James Infirmary Blues’. Un tema cuya triste y otoñal melodía proviene de un clásico del folk inglés del siglo XVIII. La letra ha sufrido diversas modificaciones a lo largo del tiempo y del entorno cultural, pero parece que basa su ubicación en la enfermería del St. James londinense.




* * * 


St. James Infirmary.
(Wikipedia)

‘St. James Infirmary Blues’, también conocido como [a.k.a.] ‘Gambler's Blues’, se considera con frecuencia una canción popular estadounidense de origen anónimo. Moore y Baxter publicaron una versión de dicho tema en 1925. En 1927, Carl Sandburg publicó un libro llamado The American Songbag que contenía letras de dos versiones de una canción llamada ‘Those Gambler's Blues’. Sin embargo, el tema de ‘St. James Infirmary Blues’ se le suele atribuir al compositor Joe Primrose (seudónimo de Irving Mills), quien tenía los derechos de autor de varias versiones de la canción, registrando la primera en 1929. Por ello, reclamó los derechos de este título específico y ganó un caso en la Corte Suprema de los Estados Unidos.
También a menudo se dice que ‘St. James Infirmary Blues’ se basa en una canción popular tradicional del siglo XVIII llamada ‘The Unfortunate Rake’ (también conocido como ‘The Unfortunate Lad’ o ‘The Young Man Cut Down in His Prime’) sobre un soldado que usa su dinero en prostitutas y luego muere de una enfermedad venérea. Pero las versiones grabadas populares en el siglo XX tienen poca relación con la canción tradicional más antigua. La primera forma conocida de esta canción se llamó ‘The Buck's Elegy’ y está ambientada en Covent Garden, Londres. Según Robert W. Harwood, Al Lloyd fue la primera persona en conectar ‘St. James Infirmary’ con ‘The Unfortunate Lad / Rake’. Harwood se refiere a un artículo de cinco páginas de Lloyd en la edición de enero de 1947 de la revista de música inglesa Keynote. En 1956, Lloyd publicó una versión revisada de este artículo en la revista Sing. En ambos artículos, Lloyd se refiere a una canción inglesa titulada ‘The Unfortunate Lad’, comentando que la canción a veces se conoce como ‘The Unfortunate Rake’. La primera línea de esta versión de la canción se refiere a un ‘hospital con esclusas’, no a una institución llamada St. James. Dicho término era el nombre de una institución en Southwark, Londres, donde los leprosos eran aislados y tratados, también quienes padecían enfermedades venéreas. Lloyd afirma que una canción recopilada por Cecil Sharp en los Apalaches en 1918 que contiene las palabras ‘St. James Hospital’ es la canción principal y que parece un pariente mayor de ‘The Dying Cowboy’. También afirma que esa versión de los Apalaches se deriva a su vez de la versión publicada por Such en Londres en la década de 1850 que se refiere a un ‘hospital con esclusas’.
Los artículos de Lloyd comentan también el éxito en el jazz de ‘St. James Infirmary Blues’. En el primer artículo citado afirmaba que “la canción es, o fue antes de que se corrompiera, una balada narrativa. Tales baladas son raras en la canción negra... Por lo tanto, surgen dudas sobre si 'St. James Infirmary' comenzó su andadura como una canción negra”. Y en el segundo artículo: “La mayoría de las versiones de 'Infirmary' incluyen una serie de estrofas de otras canciones, injertadas en la raíz principal, una confusión especialmente común con las canciones actuales entre los negros”. Lloyd señala también que en algunas variantes tempranas de ‘The Unfortunate Rake’ el sexo de la víctima de la enfermedad venérea era mujer.

El segundo artículo de Lloyd es citado a manera de referencia por Kenneth Goldstein como fuente para la historia de ‘St. James Infirmary Blues’. Un ejemplo es un artículo de Rob Walker que plantea la cuestión de si el Hospital St. James era un lugar real y, de ser así, dónde estaba. Goldstein había afirmado que ‘St. James’ se refiere al Hospital St. James de Londres, una fundación religiosa para el tratamiento de la lepra. Dicha afirmación plantea dudas porque el hospital en cuestión cerró en 1532 cuando Enrique VIII adquirió la tierra para construir el Palacio de San Jaime. Otra posibilidad sugerida por Higginbotham, sobre la base de su afirmación de que la canción ‘St. James Infirmary’ data al menos a principios del siglo XIX, es que coincidiera con la sección de enfermería de St. James Workhouse, que la parroquia de St. James abrió en 1725 en la calle Polonia en Piccadilly y que continuó hasta bien entrado el siglo XIX. Esta enfermería de St. James fue contemporánea con el advenimiento estimado de la canción ‘The Unfortunate Lad’.

Existen numerosas versiones de la canción en todo el mundo de habla inglesa. Gottlieb consideró si había influencias judías estadounidenses a través del uso del modo Dorian ucraniano, pero solo encontró indicios de esto en una versión. También sugiere que puede haber influencias judías en la interpretación de Cab Calloway. Una melodía muy similar a la versión de Armstrong se puede encontrar en otra composición instrumental.
Al igual que con muchas canciones populares, hay muchas variaciones en la letra de una versión a otra. Estas son dos estrofas en una versión cantada que grabó Louis Armstrong y habla de un hombre que, en un bar, narra cómo fue al hospital —St. James— para buscar a su novia, a quien ya encontró muerta.

“Cuando bajé al hospital de Santiago,
allí a mi chica vi
tumbada sobre una larga mesa blanca,
tan ajustada, tan dulce, tan fría.
(…)
Déjala ir, déjala ir, que dios la bendiga
donde quiera que ella esté.
Ella podrá buscar en todo este mundo,
pero nunca encontrará un hombre tan dulce como yo”.

[Era un hospital para negros pobres en el que podía saberse como se entraba… pero nunca como se salía].

* * *
 
 
[Gracias a Juancho por completar de una manera generosa la lista de versiones del tema].

 


11.1.22

Cazando brujas.

 

 [by google]
 

 
[Esto no es una caza de brujas].

Ahora que desaparece la filosofía del bachillerato. 
Recordamos, y rescatamos,  el primer Babelia del año 2015 en el que se dió cuenta en el artículo de portada [Arroyo, F.- ‘Ansia de saber y comprender’. Babelia, EP. 03/01/15. págs. 2-4] de una presunta profusión de libros de ‘ensayo’ editados en castellano. Se achaca a que en esta crisis epocal hay muchos fenómenos sociales que se resisten a la comprensión (el ‘no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa’ de Ortega). Y se añade que también ahora hay una voluntad de saber [según Gonzalo Pontón: “los lectores de ensayo son enfermos que no pueden vivir sin el alimento cultural”] que nos permitiría someter el presente (y el futuro) a la voluntad humana. Porque la ‘filosofía’, se aduce, convida a un mejor entendimiento del tiempo que vivimos [ya que, según escribe allí Gomá: “la poesía conmemora el mundo mientras que la filosofía lo define”]. ¿Es ello cierto?

En ese mundillo editorial codicioso sobresaldrían, según el autor del artículo, autores hispanos como el citado Javier Gomá o el sacerdote y novelista Pablo D’Ors. 
[Nota bene: no tiene que ser casualidad que en los años de finales del franquismo fuesen los ‘humanistas’ D’Ors, Gomá y Garriga los profesores de Estética en la Escuela de Arquitectura de Madrid, frente a los ‘filósofos’ Rubert de Ventós, Trías y Azúa en la de Barcelona (estos dos últimos, por cierto y porque ‘no hay ética sin estética’, ya en la transición, acompañaron a Savater los primeros años en Zorroaga*, la facultad de Filosofía de San Sebastián, *vide Vázquez Gª, F.- Hijos de Dionisos. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, 2014)].
Y de los autores foráneos, en el artículo se resaltaría a los filósofos de raíz heideggeriana como Byung-Chul Han o Giorgio Agamben. Veamos cómo sus editores nos (mal) venden sus libros.

Según Manuel Cruz, Han, filósofo coreano afincado en Berlín, “no es arqueológico, ni erudito, sino que habla de lo que pasa y lo expresa en términos intuitivos que lo hacen asequible (…) Al dar cuenta del presente desde una perspectiva innovadora, Han hace que sus textos sean eficaces para comprender nuestra propia situación” [subrayado nuestro]. Y además practicaría, se dice, una nueva tendencia efectiva y eficiente en el campo del ensayo: la brevedad. Lo que no se señala es la crítica recepción de sus propuestas, tanto en el ámbito filosófico alemán como europeo, donde los pensadores más relevantes ponen su empeño en la discusión sobre alternativas políticas.

Y según Fabián Lebenglik, el italiano Agamben es otro filósofo influido por Heidegger. Se dice que compartiría con Han la característica de que la mayor parte de sus textos son breves, cuestión muy discutible si se compara su bibliografía. Y también se reseñan otras ‘coincidencias’ entre Han y Agamben, “ambos son herederos, a la vez [sic], de Heidegger y de Benjamin. Y ambos se ocupan de una metafísica que no habla de lo que está más allá, sino más bien de lo de aquí”.
Afirmaciones controvertibles en grado sumo. Bastará, en el caso del reconocido Agamben [quién, por afinidad, interpretó al apóstol Felipe en la película ‘El Evangelio según San Mateo’ de Pier Paolo Pasolini], con analizar su indubitada dependencia de Benjamin (y de Foucault y sus ‘arqueologías’) en la temática de sus obras y su estudio de cuestiones teológicas, litúrgicas y monásticas, sobre todo en su producción [vide Apéndice] más postrera.

Frente a las simplificaciones interesadas de los suplementos culturales al servicio de determinadas ambiciones, recalcaremos que el presunto surgimiento ahora del ensayismo, no tiene nada que ver con la que fue su verdadera eclosión que se produjo en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado y que tuvo, de acuerdo con los estudios culturales ad hoc, tres referencias que se retroalimentaron mutuamente, a saber, las transformaciones en la demografía escolar y el aumento de la demanda de estudios universitarios, así mismo, el proceso de fragmentación y radicalización de la izquierda antifranquista que afectaba sobre todo a los recién contratados profesores no numerarios, verdadero proletariado intelectual mal remunerado pero ávido de formación alternativa a la académica y, desde luego, la aparición de nuevos circuitos editoriales de difusión en consonancia con el desarrollo económico de entonces y de las aperturas censoras del régimen.
Tampoco tendría que ver con otras razones aducidas arriba porque en nuestro tiempo ya no vale la distinción poesía/filosofía y, en consecuencia, la idea de que el filósofo es alguien que puede proporcionar un marco conceptual al resto de la cultura. La filosofía se antoja absurda cuando trata de excederse de sus obligaciones. Además la filosofía es un género que subordina su renovación a la aparición ocasional de un genio y en la actualidad, se encontraría a la espera de uno nuevo que la revivifique. Esto lo dijo un anti-escolástico como Richard Rorty, al que le impulsaban a escribir libros de filosofía todos los otros libros que había leído.

* * *


Apéndice.

- Obras últimas traducidas de G. Agamben [poniendo al día Wikipedia]:

Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental. Pre-Textos. Valencia 1995.

Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Pre-Textos. Valencia 1998.

Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III. Pre-Textos. Valencia 2000.

Medios sin fin. Notas sobre la política. Pre-Textos. Valencia 2001.

Preferiría no hacerlo. Bartleby, el escribiente. [Et al.]. Pre-Textos. Valencia 2001.

El lenguaje y la muerte. Un seminario sobre el lugar de la negatividad. Pre-Textos. Valencia 2002.

Estado de excepción. Homo sacer II, 1. Pre-Textos. Valencia 2003.

El hombre sin contenido. Ed. Áltera. Barcelona 2005.

Lo abierto. El hombre y el animal. Pre-Textos. Valencia 2005.

Profanaciones. Ed. Anagrama. Barcelona 2005.

La comunidad que viene. Pre-Textos. Valencia 2006.

El tiempo que resta. Comentario a la Carta a los Romanos. Trotta. Madrid 2006.

La potencia del pensamiento. Ed. Anagrama. Barcelona 2008.

El reino y la gloria. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2008.

Signatura rerum: sobre el método. Ed. Anagrama. Barcelona 2010.

Ninfas. Pre-Textos, Valencia 2010. (**)

El sacramento del lenguaje. Arqueología del juramento (Homo sacer II, 3). Pre-Textos, Valencia 2011.

Desnudez. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2011.

Opus Dei. Arqueología del oficio. (Homo sacer II, 5). Pre-Textos. Valencia 2012. (*)

La muchacha indecible. Mito y misterio de Kore. [Et al.]. Ed. Sexto Piso. Madrid 2014. (*)



Notas:

Se señalan con (*) las obras que no figuran en Wikipedia [consulta del 12.01.15 a las 17:00 h.].

Se señala con (**) un texto verdaderamente breve.

Se marcan en (color rojo) las obras que se encuentran en nuestra biblioteca.




10.1.22

Culposa, no dolosa.

De todas las necesidades del alma humana, ninguna es tan vital como el pasado. Esa necesidad no consiste en querer vivir en otra época, sino en conservar un vínculo, en escapar a la tiranía del presente y al barullo de la actualidad.

 
Para dar hay que poseer, decía Simone Weil,  y la única vida que poseemos, para donar, son los tesoros heredados del pasado digeridos, asimilados y recreados por nosotros.
Pensamos en Sarah Kofman. Al término de una obra abundante, un relato autobiográfico provocaría una grave depresión que la lleva al suicidio. En su brevedad, en su involuntaria brutalidad, el relato sugiere un vínculo causal entre un decir y una muerte. La secuencia causal podría, claro está, ser invertida y ser la depresión la que desencadenaría el gesto autobiográfico, o también ser recusada ya que durante los treinta años en los que Sarah no cesa de escribir, habla a menudo de su experiencia y lo hace de distintas maneras.


En la hermosa necrología que Derrida dedicó a su amiga la pensadora Sarah Kofman, escribió que ella, tesoro intelectual, se habría reído del arte en nombre de la vida, no sin ser consciente de que ni el arte ni la vida nos salvan del sufrimiento ni de la muerte. El arte y la risa no se oponen al mal.

Una idea, desarrolla Derrida, que arraiga en lo judío. Si no se reclama venganza, es gracias a la risa que les convierte en  libres incluso cuando son prisioneros.

Y un judío también siempre es alguien que pone de manifiesto la imposibilidad del perdón. La siguiente historia judía tiene humor porque versa sobre ese tratamiento de la memoria que llamamos perdón.

- «Dos hebreos, enemigos de toda la vida, se encuentran en la sinagoga el día del Yom Kippur. Uno le dice al otro, a modo de perdón: ‘Te deseo lo que tú me deseas a mí’. Entonces el segundo le responde, en el mismo tono: ‘¿Ya empezamos otra vez?’»

No hay perdón sin memoria, pero tampoco el perdón puede reducirse a un acto de memoria. Y perdonar no equivale en absoluto a olvidar.

Perdonar no consiste en liberar de la culpa. Ni a sí mismo ni al otro. Aquí ninguna componenda es de recibo, ninguna resulta tolerable. Eso sería repetir el daño, consagrarlo, dejarlo inalterado e idéntico a sí.

Sin embargo hace falta quizás completar la lección.

Cuentan que cuatro sabios, amigos y compañeros entraron un día en el vergel del conocimiento prohibido. Ben Azai miró y perdió la vida. Ben Zoma miró y se volvió loco empezando a vomitar lo que no podía ser digerido. Ben Aguya miró y perdió la fe: se convirtió en herético y en rebelde. El último se llamaba Akiba. Akiba entró después de los demás, pero salió en paz.

Esta fábula es una advertencia. Nos dice que cierto tipo de saber es letal. El peligro no está ligado solamente al hecho del saber sino al de hacerlo saber. Pero nos dice también que no lo es para todo el mundo. La misma experiencia puede suscitar reacciones diversas, matar o dejar en vida. Algunos, en efecto, pueden salir en paz del jardín.


 
 
 

9.1.22

L’Angelo Misterioso

Pesa sobre mí la adversidad de no ser del ‘Madrí’.
Y es que no he podido serlo por razones históricas. La genética o la experiencia, sólo Pinker lo sabe, habrán condicionado esta posición mía.
Tras la etapa universitaria y núbil de desapego futbolístico (uno era rojo o hippie, pero no podía ser hincha), ninguna referencia, ninguna alineación, aunque sí algún héroe aislado.
Uno no ha encontrado en esta edad hiemal ningún cromo en carcomido cajón, como se halla una vieja perra gorda en bolsillo de gabán que se apolilla en el desván de la abuela.
 
Pero ahora, frente a ese querubín peregrino llamado Messi, uno se siente atraído, cuando juega, por un diabólico arcángel bautizado como Cristiano dos Santos.
(¡Loado sea dios, el día de Santa Lucrecia, virgen y mártir!). 


  (by Google)