31.1.22

El azar y la necesidad.


[En enero].

Hace ya algún año, coincidí con dos afectuosas personas blogueras en una gran ciudad del norte y en aquellas cortas horas de entrañable charla no podía presentir que a partir de entonces mi vida pudiera dar un vuelco tan enormemente amargo y sufrir un vaciamiento tan absoluto...

Pero “el mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones” que dice Borges y en estos otros días, en relación con cursos de verano de la Fundación Castilla del Pino, se nos recordaba en cierto blog el proverbio: ‘el destino es una piedra atada al cuello’. Lo fortuito, sobre lo que también leemos en "Azar: el sacro desorden de nuestras vidas", recopilación en Ed. Abada de autores varios que lo rastrean por la filosofía.

Y pensamos en ese azar (suerte o, como es corriente en muchas de las fuentes clásicas, fortuna que, aristotélicamente, no es causa de nada), componente de incertidumbre que se escapa a la previsión y que interrumpe el curso de las cosas dándole unos giros imprevistos para bien o para mal. Fortuna vs. infortunio, pues.

Las cosas humanas no han encontrado aún un soporte teórico medianamente consistente en el marco de la investigación científica, y es que las cosas de los mortales son imprevisibles, variables y contingentes.

Pero allí donde el intelecto no puede explicar lo que nos acontece, aparece un relato que permite narrarlo y, por tanto, dotar de sentido a la historia individual de la existencia humana. Esa que, según Marquard, no es más que una extraña combinación entre lo que decidimos hacer y aquello que sin más nos pasa. Se contarían entonces historias para no morir todavía, sin tener en cuenta que la propia escritura no sería sino, ella, un aviso o, más, un recuerdo de la muerte.

Siempre hemos querido cuestionarnos cómo dotar de significación a aquello que nos acontece al margen de toda previsión, proyecto o expectativa e intentar reducir a esquemas explicativos los acontecimientos excepcionales que irrumpen de modo significativo en nuestras vidas, beneficiando o frustrando un proyecto existencial articulado en torno a fines.


Ante la opacidad de cierto tipo de acontecimientos  que no podemos explicar satisfactoriamente -y la muerte lo es-, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Por qué en ese momento? ¿Por qué a mí?

[... a raíz de ello lo que haces es escribir para no olvidar].

*


Y ahora en la convalecencia le lees a Trakl:

‘Mátame dolor. Quema la herida.
Este martirio es una cosa vana.
Mira cómo florece de mi herida
en la noche una estrella arcana.
Todo está consumado. Muerte, sé humana’.



28.1.22

Nada te va a hacer daño.

[https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhkwaLtzyUNEa_5sz5hD4m2f3qbmhaVZKLsJUMGyr80Cqs6lwrUmHZ4VUyY16ixo8N6WAyYR33qio3SrGCnBODl9e-gFxyQpoZ6NGltT-N6FCR6YJu8zvggZM1ES4CCAkLzvWPdxfGqpuyI/s1600/Harmash+-+Der+Golem.jpg]

Según la leyenda del rabino Juda Löw, el Golem (estatua autómata de barro a la  que se daba vida por medio de una fórmula mágica [en hebreo ‘embrión’, en el Talmud ‘sustancia amorfa’]) llevaba escrita la palabra emeth (‘verdad’) en la frente. 
Cuando el rabí Löw le arranca la primera letra de dicha palabra [a la sazón la aleph, primera letra del alefato, alfabeto hebreo], entonces convierte la palabra ‘verdad’ en meth (‘muerte’). 
Mediante dicha circuncisión lingüística el Golem (‘la sustancia sin formar’ de Salmos 139, 46) adopta, según la leyenda, su auténtica entidad de creatura.


 Y es que según Foucault, la alternativa a la muerte no es la vida sino más bien la verdad. 



 

26.1.22

Ser o no ser

(Sr. Verle)


V.: Los lugares, los espacios a los que viajamos o visitamos, pueden segregar murmullos temporales ensimismados e irreductibles que nos hacen modificar nuestra percepción. Como ejemplo, en la excursión que, a raíz del documentado viaje a Dinamarca realizado durante el nazismo por Heisenberg para convencer a Bohr, ambos hicieron a Elsinor, Bohr pone de manifiesto que un castillo, el de Kronberg, no es sólo un monumental edificio de defensa sino que cambia su significado para los dos científicos, por el hecho de que Hamlet hubiese vivido allí. Naturaleza vs. Cultura


B.: El rumor cultural del tiempo puede ampliar la percepción pero también embotar los sentidos. Al duelo naturaleza vs. cultura conviene asistir con el conocimiento abierto, no sólo con la conciencia de una sabiduría corta.


24.1.22

Piano, piano

Revisitada la película de 'El Piano' (1993) de Jane Campion, directora con sentido y sensibilidad suficientes para hacer, bien, una película con niños (y animales), tan aborrecidos por el maestro Hitchcock.
 
Famoso filme por la música de Michael Nyman, sin embargo en los créditos de la película (IMDb) no aparece la ‘canción’ que Flora McGrath [personaje de Anna Paquin (acierto de casting y óscar en 1994 a la mejor actriz de reparto)] canturrea mientras va por las colinas para entregar a su padrastro una tecla del piano que su madre envía de recuerdo a su amante y que desencadenará la tragedia.



 

 

Reconocida la melodía, no encontrable tampoco en YouTube, la localizamos en un tema de Eric Burdon and The Animals en su LP de estudio ‘Every One of Us’ de 1968, en concreto el nº 2 de la cara 1 "Uppers and Downers", cantado a cappella por  Burdon, McCulloch y Bruno, con un aire de canción tradicional británica (aunque el track listing lo signa como debido a Burdon) y que dura sólo 24 segundos.
El título podría tener en argot el apropiado significado, dada la fecha y el lugar de grabación del disco, de "Anfetas y Sedantes".

Sería esa otra conexión con el filme no explorada, ya que se da la circunstancia que ésta fue la última película que, uno que sabía de up y down, Kurt Cobain, vió en vida.


23.1.22

Poema de junio en N.Y.



El hombre viejo y negro que duerme en el umbral,
espacio resultante del quicio de madera
del portal de la entrada del cerrado edificio

-domicilio oficial y a efectos oportunos:
trescientos veintinueve de Lexington Avenue
esquina, por el este, con calle Treinta y nueve-,

sentado en los cartones oscuros de las cajas
que desecha a diario el colmado vecino
-edredón celuloso que le sirve de lecho-,

con voz quebrada y frágil, inteligible apenas,
solicita monedas, cigarrillos, cervezas
(botellas pudorosas envueltas en sus bolsas)...
a gentes que transitan la Gran Manzana 'golden'.

Y antes de adormilarse con noctívago sueño
contempla el Chysler Building que brilla como un faro
de la falsa esperanza que respira Manhattan...
-la isla del tesoro del sueño americano-

y un contenido tópico, de evidente miseria,
una tarde se encierra, cárcel de calles muertas
con trama ortogonal...
                                        en veinte alejandrinos.


N.Y.C. 1995.         

        
 
 

17.1.22

Otra senti-mentalidad.

 


Discos.

"Hay discos que nos acompañan a lo largo del tiempo con más asiduidad que otros, y por ese motivo acaban formando parte de la vida de uno, que ha depositado en ellos sin darse mucha cuenta un archivo cifrado de sensaciones y experiencias antiguas".

Escribía lo anterior Antonio Muñoz Molina en el diario "El País" a propósito, hace años, de la actuación en Madrid de Paquito D'Rivera (por cierto, tan versátil y latino -latino/ladino, Cabrera Infante dixit? - como para recordar en una entrevista sus actuaciones junto a los payasos Gaby, Fofó y Miliki), justamente el día que, en Londres, fallecía Bryan "Chas" Chandler, bajista que fue del mítico grupo "The Animals" y descubridor y productor del legendario Jimi Hendrix. No se trata de escribir una necrología póstuma (coincido con el difunto Eduardo Haro Tecglen en hacer buena la tendencia a publicar artículos necrológicos "cuando el enfermo aún se agarra al último minuto... porque siempre ha sido deplorable que el muerto se perdiese los últimos elogios"). Si el día 17 de julio moría "Chas" Chandler de "The Animals”, días antes se cumplía otro aniversario, el de la formación del deificado grupo "Cream" por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker. En relación con todo ello traemos a colación alguna memoria de estos personajes.

Fruto de una obra de caridad, la compra a un disc-jokey de emisora local venido a menos del lote de LP's de su discoteca particular, aparecieron en tu casa varias decenas de discos de todo pelaje y condición. Con la fruición de un buscador de oro que beneficia el yacimiento separando la mena de la ganga y a golpes de una intuición derivada del azar y de un cierto aggiornamento musical de estudiante de bachillerato de provincias, conseguiste para ti (eras el hermano mayor) un buen número de paradigmáticos LP's del Pop de aquellos años.

Los elegidos, pequeño tesoro privado a base de Cream, Animals, Doors, Hendrix, Who, etc. formaron un bagaje que, desde el principio, te acompañaba musicalmente en todos los momentos posibles, posibles dentro del diario acontecer de una bastante numerosa familia, y, sobre todo, al que acudías indefectiblemente, como un fiel creyente que cumple sus ritos, en las épocas vacacionales cuando el estudio de la carrera te permitía la vuelta a casa.

El paso de los años, los traslados de domicilio, las modificaciones de situación familiar, y quizás algo también, las modas culturales coyunturales y personales, consiguieron desgajar tu pequeña colección, algo pasada de moda, y la mayoría de los discos ya no sabes dónde pudieran encontrarse, aunque, demasiado tarde, has realizado las pesquisas necesarias para tener alguna noticia cierta de esa parte de una formación que sin ellos no sería la misma.

Sólo pudiste recuperar dos ejemplares. Por suerte tus preferidos (y los que te generan estas nostalgias). Para ti siempre fueron, con "Axis" de J. Hendrix (¡qué interesante versión, oída ahora, de un tema de Hendrix (Voodoo Child) a cargo del malogrado Stevie Ray Vaughan!), tu ’trinidad’ que por sus significados musicales y culturales a nivel personal han formado parte de tu experiencia vital y han moldeado tus gustos. Se trata de "Every one of us" de Eric Burdon and The Animals y "Wheels of fire" de Cream.

"Every one of us" con la monumental "New York 1963-América 1968", testamento pop de E. Burdon, quien, luego, al disolverse el grupo, siguió en USA más en contacto con músicos negros (por ejemplo con Jimmy Witherspoon con el que grabó "Black & White Blues").

Y "Wheels of fire", volumen doble, un LP en estudio  y otro en vivo, con la armónica y el bajo de Bruce, y su voz en momentos clave, los solos de batería de Baker y la guitarra y la voz de Clapton. Eric Clapton tras la disolución siguió una intermitente pero interesante carrera hasta desembocar en los blues de "From the cradle". Bruce y Baker por su parte resucitaron hace poco de la mano de Gary Moore, que como trío BBM y con "Around the next dream" han querido repetir la ‘historia’, quizás como drama sino como farsa. (G. Moore, auténtico espiritista, en "Blues for Greeny" rindió homenaje al desaparecido, ya esquizofrénico paranoide, Peter Green (de Fleetwood Mac) quien en tiempos había sustituido a Clapton en el grupo Blues Breakers de John Mayall cuando lo abandonó por Cream, -estudiará alguien la relación, dependiente malgré soi, Moore vs. Clapton?-).

 A pesar de su deterioro físico los sigues escuchando ahora, incluso frecuentemente, para seguir disfrutando, aunque mucha gente no te entienda. Has buscado y aún no has descubierto el hilo que debe conectar (y explique así tu dependencia) "White room" con "White houses", aunque puede que eso no sea ni fácil ni posible...

Se trataría entonces de corroborar el contenido del párrafo susodicho y recordar, rescatar, algunas joyas vinílicas de finales de los 60 que, por el paso del tiempo y de la aguja metálica del tocadiscos, tienen marcadas las mismas huellas que hacen entrañables a las personas mayores.

Aunque los efectos de los derivados químicos del vinilo sean tan nocivos para la salud física y el medio ambiente como proclaman algunos, siempre guardaras lo más entrañablemente posible estos discos que nunca han sido, ni serán, peligrosos para tu salud mental. O eso, al menos, espero.


Octubre 1996.




16.1.22

Born under a bad sign.

 


Melancolía cuando has llegado un año más a tu aniversario y no ha mejorado ni tu salud, ni tu dinero, ni tu amor.
Como escribió el maestro salzburgués: “Vivo desde hace años en ese estado de maldición y escarnio de mi mismo en el que, en definitiva, tengo que refugiarme siempre para salvarme (…) Al fin y al cabo, no quiero otra cosa que prolongar el estado en que me encuentro, que me lleva directamente fuera del mundo”.
 
O nos recordara otro día Jabois a Camba: "Ustedes tienen muy pocos años (...) y “se calla tristemente, después de haber confesado su decrepitud y su inutilidad".

Ocurre como en todo lord Chandos que se precie:
“Mi caso, en pocas palabras, es el siguiente: he perdido por completo la facultad de pensar o de hablar con coherencia sobre cualquier cosa”.

* * * 

Parece predestinado que ahora te martillee el oído aquel viejo blues "Born under a bad sign" [Bell & Jones 1967]:

“Nacido bajo un signo malo. /He estado abatido desde que comencé a gatear. /Si no fuera por la mala suerte, /no tendría suerte alguna. /La mala suerte y los problemas han sido mis únicos amigos. /He estado abatido desde que tenía diez años. /No sé leer, no he aprendido a escribir. /Mi vida entera ha sido una gran pelea. /No miento. /Ya sabes, el vino y las mujeres es todo lo que anhelo. /Una gran mujer malvada que me lleve a la tumba. /Nacido bajo un signo malo. /He estado abatido desde que comencé a gatear. /Si no fuera por la mala suerte, /no tendría ninguna suerte. /Si no fuera por la verdadera mala suerte, /no tendría suerte en absoluto. /Nacido bajo un signo malo. /Sí, soy el tipo de la mala suerte. /He estado teniendo mala suerte todos los días, sí.”

Ha sido gracias a Youtube [salvo en el  caso de Jimi Hendrix que ahora no se encuentra], que he podido recopilar versiones del tema de dos grupos, del pop ácido al rock psicodélico, que me grabaron el alma y ahora me la cauterizan. Además de una versión de su principal intérprete, que fue la que marcó el camino que, en definitiva, ha recorrido la música ‘popular’ desde hace cincuenta años.




 

[Gracias a Juancho por completar con buen criterio la lista]