11.1.22

Cazando brujas.

 

 [by google]
 

 
[Esto no es una caza de brujas].

Ahora que desaparece la filosofía del bachillerato. 
Recordamos, y rescatamos,  el primer Babelia del año 2015 en el que se dió cuenta en el artículo de portada [Arroyo, F.- ‘Ansia de saber y comprender’. Babelia, EP. 03/01/15. págs. 2-4] de una presunta profusión de libros de ‘ensayo’ editados en castellano. Se achaca a que en esta crisis epocal hay muchos fenómenos sociales que se resisten a la comprensión (el ‘no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa’ de Ortega). Y se añade que también ahora hay una voluntad de saber [según Gonzalo Pontón: “los lectores de ensayo son enfermos que no pueden vivir sin el alimento cultural”] que nos permitiría someter el presente (y el futuro) a la voluntad humana. Porque la ‘filosofía’, se aduce, convida a un mejor entendimiento del tiempo que vivimos [ya que, según escribe allí Gomá: “la poesía conmemora el mundo mientras que la filosofía lo define”]. ¿Es ello cierto?

En ese mundillo editorial codicioso sobresaldrían, según el autor del artículo, autores hispanos como el citado Javier Gomá o el sacerdote y novelista Pablo D’Ors
[Nota bene: no tiene que ser casualidad que en los años de finales del franquismo fuesen los ‘humanistas’ D’Ors, Gomá y Garriga los profesores de Estética en la Escuela de Arquitectura de Madrid, frente a los ‘filósofos’ Rubert de Ventós, Trías y Azúa en la de Barcelona (estos dos últimos, por cierto y porque ‘no hay ética sin estética’, ya en la transición, acompañaron a Savater los primeros años en Zorroaga*, la facultad de Filosofía de San Sebastián, *vide Vázquez Gª, F.- Hijos de Dionisos. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, 2014)].
Y de los autores foráneos, en el artículo se resaltaría a los filósofos de raíz heideggeriana como Byung-Chul Han o Giorgio Agamben. Veamos cómo sus editores nos (mal) venden sus libros.

Según Manuel Cruz, Han, filósofo coreano afincado en Berlín, “no es arqueológico, ni erudito, sino que habla de lo que pasa y lo expresa en términos intuitivos que lo hacen asequible (…) Al dar cuenta del presente desde una perspectiva innovadora, Han hace que sus textos sean eficaces para comprender nuestra propia situación” [subrayado nuestro]. Y además practicaría, se dice, una nueva tendencia efectiva y eficiente en el campo del ensayo: la brevedad. Lo que no se señala es la crítica recepción de sus propuestas, tanto en el ámbito filosófico alemán como europeo, donde los pensadores más relevantes ponen su empeño en la discusión sobre alternativas políticas.

Y según Fabián Lebenglik, el italiano Agamben es otro filósofo influido por Heidegger. Se dice que compartiría con Han la característica de que la mayor parte de sus textos son breves, cuestión muy discutible si se compara su bibliografía. Y también se reseñan otras ‘coincidencias’ entre Han y Agamben, “ambos son herederos, a la vez [sic], de Heidegger y de Benjamin. Y ambos se ocupan de una metafísica que no habla de lo que está más allá, sino más bien de lo de aquí”.
Afirmaciones controvertibles en grado sumo. Bastará, en el caso del reconocido Agamben [quién, por afinidad, interpretó al apóstol Felipe en la película ‘El Evangelio según San Mateo’ de Pier Paolo Pasolini], con analizar su indubitada dependencia de Benjamin (y de Foucault y sus ‘arqueologías’) en la temática de sus obras y su estudio de cuestiones teológicas, litúrgicas y monásticas, sobre todo en su producción [vide Apéndice] más postrera.

Frente a las simplificaciones interesadas de los suplementos culturales al servicio de determinadas ambiciones, recalcaremos que el presunto surgimiento ahora del ensayismo, no tiene nada que ver con la que fue su verdadera eclosión que se produjo en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado y que tuvo, de acuerdo con los estudios culturales ad hoc, tres referencias que se retroalimentaron mutuamente, a saber, las transformaciones en la demografía escolar y el aumento de la demanda de estudios universitarios, así mismo, el proceso de fragmentación y radicalización de la izquierda antifranquista que afectaba sobre todo a los recién contratados profesores no numerarios, verdadero proletariado intelectual mal remunerado pero ávido de formación alternativa a la académica y, desde luego, la aparición de nuevos circuitos editoriales de difusión en consonancia con el desarrollo económico de entonces y de las aperturas censoras del régimen.
Tampoco tendría que ver con otras razones aducidas arriba porque en nuestro tiempo ya no vale la distinción poesía/filosofía y, en consecuencia, la idea de que el filósofo es alguien que puede proporcionar un marco conceptual al resto de la cultura. La filosofía se antoja absurda cuando trata de excederse de sus obligaciones. Además la filosofía es un género que subordina su renovación a la aparición ocasional de un genio y en la actualidad, se encontraría a la espera de uno nuevo que la revivifique. Esto lo dijo un anti-escolástico como Richard Rorty, al que le impulsaban a escribir libros de filosofía todos los otros libros que había leído.

* * *


Apéndice.

- Obras últimas traducidas de G. Agamben [poniendo al día Wikipedia]:

Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental. Pre-Textos. Valencia 1995.

Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Pre-Textos. Valencia 1998.

Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III. Pre-Textos. Valencia 2000.

Medios sin fin. Notas sobre la política. Pre-Textos. Valencia 2001.

Preferiría no hacerlo. Bartleby, el escribiente. [Et al.]. Pre-Textos. Valencia 2001.

El lenguaje y la muerte. Un seminario sobre el lugar de la negatividad. Pre-Textos. Valencia 2002.

Estado de excepción. Homo sacer II, 1. Pre-Textos. Valencia 2003.

El hombre sin contenido. Ed. Áltera. Barcelona 2005.

Lo abierto. El hombre y el animal. Pre-Textos. Valencia 2005.

Profanaciones. Ed. Anagrama. Barcelona 2005.

La comunidad que viene. Pre-Textos. Valencia 2006.

El tiempo que resta. Comentario a la Carta a los Romanos. Trotta. Madrid 2006.

La potencia del pensamiento. Ed. Anagrama. Barcelona 2008.

El reino y la gloria. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2008.

Signatura rerum: sobre el método. Ed. Anagrama. Barcelona 2010.

Ninfas. Pre-Textos, Valencia 2010. (**)

El sacramento del lenguaje. Arqueología del juramento (Homo sacer II, 3). Pre-Textos, Valencia 2011.

Desnudez. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2011.

Opus Dei. Arqueología del oficio. (Homo sacer II, 5). Pre-Textos. Valencia 2012. (*)

La muchacha indecible. Mito y misterio de Kore. [Et al.]. Ed. Sexto Piso. Madrid 2014. (*)



Notas:

Se señalan con (*) las obras que no figuran en Wikipedia [consulta del 12.01.15 a las 17:00 h.].

Se señala con (**) un texto verdaderamente breve.

Se marcan en (color rojo) las obras que se encuentran en nuestra biblioteca.




10.1.22

Culposa, no dolosa.

De todas las necesidades del alma humana, ninguna es tan vital como el pasado. Esa necesidad no consiste en querer vivir en otra época, sino en conservar un vínculo, en escapar a la tiranía del presente y al barullo de la actualidad.

 
Para dar hay que poseer, decía Simone Weil,  y la única vida que poseemos, para donar, son los tesoros heredados del pasado digeridos, asimilados y recreados por nosotros.
Pensamos en Sarah Kofman. Al término de una obra abundante, un relato autobiográfico provocaría una grave depresión que la lleva al suicidio. En su brevedad, en su involuntaria brutalidad, el relato sugiere un vínculo causal entre un decir y una muerte. La secuencia causal podría, claro está, ser invertida y ser la depresión la que desencadenaría el gesto autobiográfico, o también ser recusada ya que durante los treinta años en los que Sarah no cesa de escribir, habla a menudo de su experiencia y lo hace de distintas maneras.


En la hermosa necrología que Derrida dedicó a su amiga la pensadora Sarah Kofman, escribió que ella, tesoro intelectual, se habría reído del arte en nombre de la vida, no sin ser consciente de que ni el arte ni la vida nos salvan del sufrimiento ni de la muerte. El arte y la risa no se oponen al mal.

Una idea, desarrolla Derrida, que arraiga en lo judío. Si no se reclama venganza, es gracias a la risa que les convierte en  libres incluso cuando son prisioneros.

Y un judío también siempre es alguien que pone de manifiesto la imposibilidad del perdón. La siguiente historia judía tiene humor porque versa sobre ese tratamiento de la memoria que llamamos perdón.

- «Dos hebreos, enemigos de toda la vida, se encuentran en la sinagoga el día del Yom Kippur. Uno le dice al otro, a modo de perdón: ‘Te deseo lo que tú me deseas a mí’. Entonces el segundo le responde, en el mismo tono: ‘¿Ya empezamos otra vez?’»

No hay perdón sin memoria, pero tampoco el perdón puede reducirse a un acto de memoria. Y perdonar no equivale en absoluto a olvidar.

Perdonar no consiste en liberar de la culpa. Ni a sí mismo ni al otro. Aquí ninguna componenda es de recibo, ninguna resulta tolerable. Eso sería repetir el daño, consagrarlo, dejarlo inalterado e idéntico a sí.

Sin embargo hace falta quizás completar la lección.

Cuentan que cuatro sabios, amigos y compañeros entraron un día en el vergel del conocimiento prohibido. Ben Azai miró y perdió la vida. Ben Zoma miró y se volvió loco empezando a vomitar lo que no podía ser digerido. Ben Aguya miró y perdió la fe: se convirtió en herético y en rebelde. El último se llamaba Akiba. Akiba entró después de los demás, pero salió en paz.

Esta fábula es una advertencia. Nos dice que cierto tipo de saber es letal. El peligro no está ligado solamente al hecho del saber sino al de hacerlo saber. Pero nos dice también que no lo es para todo el mundo. La misma experiencia puede suscitar reacciones diversas, matar o dejar en vida. Algunos, en efecto, pueden salir en paz del jardín.


 
 
 

9.1.22

L’Angelo Misterioso

Pesa sobre mí la adversidad de no ser del ‘Madrí’.
Y es que no he podido serlo por razones históricas. La genética o la experiencia, sólo Pinker lo sabe, habrán condicionado esta posición mía.
Tras la etapa universitaria y núbil de desapego futbolístico (uno era rojo o hippie, pero no podía ser hincha), ninguna referencia, ninguna alineación, aunque sí algún héroe aislado.
Uno no ha encontrado en esta edad hiemal ningún cromo en carcomido cajón, como se halla una vieja perra gorda en bolsillo de gabán que se apolilla en el desván de la abuela.
 
Pero ahora, frente a ese querubín peregrino llamado Messi, uno se siente atraído, cuando juega, por un diabólico arcángel bautizado como Cristiano dos Santos.
(¡Loado sea dios, el día de Santa Lucrecia, virgen y mártir!). 


  (by Google)


8.1.22

La vida es un fenómeno raro e imprevisto.


"Vivir es ver volver". Azorín


La vida se escribe con uve

de vino y de vaivén,

de vicio y de virtud,

de vergüenza y valor,

de voces y vacíos,

de viento verde y vals.

VIVIR.
[12/10/2016]


7.1.22

Dura lex.

 [a propósitode A.E.]

¿Quién se agarra a La Verdad?

Un equívoco común que se produce al establecer la diferencia entre hechos y opiniones es la tácita confusión entre categorías éticas y categorías jurídicas.

Casi todas las categorías éticas están contaminadas por las jurídicas, así: responsabilidad, culpa, inocencia, absolución, etc.

Los juristas saben perfectamente que el derecho no tiende en última instancia al establecimiento de la justicia, ni siquiera de la verdad.
El derecho tiende con exclusividad a la celebración del juicio, con independencia de ellas, ya que la fuerza de la cosa juzgada sería su fin último.

La naturaleza jurídica no es norma sino juicio, esto es proceso. El juicio es en sí mismo el fin.
Si todo derecho deviene sólo derecho procesal, la inocencia y la culpabilidad pierden importancia.
Lo verdadero y lo justo son sustituidos por la sentencia, que vale como verdad aún a costa de su falsedad e injusticia.
(by google)
 
 

6.1.22

Dizzy atmosphere.

 [in memoriam Cifu]



ATMÓSFERA VERTIGINOSA.
Es cierto que, como ha dicho la televisión, un 'cincuenta' aniversario es como cuando te levantas una mañana de domingo y se te ocurre escuchar un LP de vinilo. Eso es lo que la morriña hizo conmigo.


En distintos programas de radio llevabamos escuchando hace tiempo con cierta asiduidad, un tema remasterizado que inmediatamente nos conduce a los viejos vinilos de jazz que conservas guardados con el arcaico plato que funciona de milagro. En una recopilación para su venta, cierto presentador ha resucitado ‘Swing Low, Sweet Cadillac’, una particular, irónica, jocosa pero grave, versión de Dizzy Gillespie del clásico espiritual antiguo ‘Swing Low, Sweet Chariot’ que solía interpretar desde años atrás. Y ha resucitado una de de sus últimas versiones grabadas que se encuentra entre álbumes muy escuchados por ti hace tiempo. Ha sido un tema en el que siempre Dizzy ha incorporado, aparte de sus improvisaciones con su original trompeta, unas letras que, por comicidad, pero sobre todo por dicción, lo han hecho característico.


Se dice que Gillespie aprendió a cantar, es un decir claro, del cubano que nunca estudio inglés Chano Pozo que, incorporado a su orquesta, le aportó, con bongos y congas, influencias rítmicas con un sabor que luego se denominó jazz afrocubano y un par de temas por lo menos, ‘Manteca’ y el más logrado ‘Tin Tin Deo’ que quedaron incorporados al repertorio canónico de Gillespie. También, la prematura muerte de Pozo por sobredosis de drogas, dejó marcado a Dizzy, aunque no tanto como la psicotrópica descomposición de su amigo íntimo, el saxo Charlie Parker, con el que se considera que inventaron el bebop y con el que después de un glorioso 1945, con al menos cinco conciertos; cuatro, en febrero, mayo, junio y noviembre en la calle 52 de New York y el último, en diciembre, en Hollywood [de los que poseo grabaciones de esa fructífera colaboración entre Bird y Dizzy] no volvió a colaborar casi, nos consta si acaso una grabación en 1947, hasta el mítico concierto en el Massey Hall de Toronto en 1953. Habiendo seguido entonces desde aquel annus mirabilis, dos caminos suficientemente diferenciados, el de Parker, corto, muy corto, con Miles Davis, también trompeta y discípulo que supo brillar extraordinariamente por cuenta propia, y el de Gillespie con su Big Band, transformándose con el mayor ahínco posible, en un personaje circense que utilizó la música casi como terapia, ya que como acabó confesando: “No quería hacer nada trascendente sino pasar un buen rato” o, al achacarle su comercialidad posterior a los 50, su cinismo: “Yo no estoy interesado en pasar a la historia, quiero comer”. Pero esa música combinó simpatía por los ritmos afrocaribeños y sudamericanos con la esencia del bop, al que nunca pudo renunciar, con sus extrañas armonizaciones y disonancias, su pulso rítmico casi salvaje en pasajes de doble tiempo, en esa heterodoxa manera de tocar que hacia gala del mote, ‘dizzy’ (vertiginoso), que a John Birks Gillespie, su verdadero nombre, que había nacido en 1917 en Carolina del Sur, le habían asignado desde que aprendió a tocar la trompeta. [En su autobiografía [*] Gillespie prefiere que se le asocie el alias con el significado más figurado de 'alocado'].


Bien, buscando en el trastero, hemos encontrado dos versiones grabadas del tema que nos ocupa, una en Roulette y que corresponde a una olvidable sesión alimenticia dada en París, ante el papanático público de la sala Pleyel en febrero del año 53, por el Combo de Gillespie, que entonces contaba hasta con un vocalista, Joe Carroll, que hacia réplicas cómicas a Dizzy que siempre tenía que cantar, como si de un Louis Armstrong cualquiera se tratase. 
La otra versión, la ahora remasterizada, estaba en Impulse y se trata de la que da título al LP que recoge las sesiones en Los Ángeles en mayo de 1967, de Gillespie en quinteto. Una versión ésta, donde las réplicas del saxo alto y flauta James Moody y una sólida actuación de la sección rítmica, piano, batería y bajo Fender, recuperan al mejor Gillespie fiel conocedor por instinto que sin progresión de acordes no puede haber ninguna lógica formal entre discordancia y resolución que sostenga una improvisación.

La procelosa búsqueda ha dado otros frutos. Un Dizzy con sesenta años, sin atildaduras ni aderezos, con sabiduría, graba dos pequeñas joyas. Una sesión en Londres con el pianista Oscar Peterson en 1974 y otra en Las Vegas en 1977, con un casi octogenario pero inconmensurable ‘Count’ Basie, donde se escucha una lectura por ambos del añejo blues 'St. James Infirmary' que rememora, a parte del clásico duelo de los cuarenta entre swingers y bopers, un origen común, una música seminal sin la cual ninguno de los músicos hubiera llegado al lugar donde, cual santos de nuestra devoción, los tenemos colocados en nuestra memoria. Venite adoremus.

* * *

[*] Vide Dizzy Gillespie & Al Fraser. To be or not to bop.  Global Rhythm Press. Barcelona, 2008.


Alocado again.

 

¿Alocado?



Film con Gillespie y su Big Band en 1947, convirtiéndose cada vez más, de un gran instrumentista en un gamberro, un payaso a veces, en ese papel de alegre desacomplejado y despreocupado que ocultaba, quizás, todo el desencanto, la impotencia y la amargura que padeció.

Y así se contribuyó, nuevamente, a que el jazz dejase "de ser subversivo habiendo pasado a ser un mero género marginal asociado con la música ambiental de fácil audiencia" [G. A.]

No era la primera vez, ni sería la última...



3.1.22

Diario de errores.

Los aires, los malos aires de diciembre. Ya volaron el tejado de la nave, ya arrancaron las ramas de los castaños viejos, ya desprendieron el brezo de las verjas. Siguiendo el camino, paralelo a las crestas, de sur a norte, aumentan su fuerza y acrecientan su potencia si su velocidad es elevada. Como si su flujo discurriese por conductos sin rozamiento, se presentan de improviso, enfrentándose con ímpetu inusitado a todo lo  que se les ponga por delante.
Y luego sólo queda un memorial de daños.
 [27/12/2012]
 * * *


Inocente, inocente… Sólo tres días ha durado tu suerte. Esos días luminosos que comienzan fríos, escarchas y rocíos por doquier, y que siguen a esas noches de cielos impolutos con la luna en su esplendor, con la sombra arrojada de los árboles tan potente como un mediodía de verano. Justo tras la luna llena del día de los inocentes, las nubes han subido a la sierra y durante toda la mañana han descargado lluvia.

El gozo del trabajo será para otros días del invierno.
 [29/12/2012].

 * * *
 

1.1.22

Principio de año brechtiano


El señor V. no estaba a favor de las despedidas, ni de los saludos, ni de los aniversarios, ni de las fiestas, ni de con­cluir un trabajo, ni de iniciar una nueva etapa en la vida, ni de los ajustes de cuentas, ni de la venganza, ni de los juicios concluyentes.

 (Historias del señor ...)

 

 

29.12.21

Silencio. 2021.


Silencio.

No es extraño que en los suplementos culturales de final de diciembre se resuma ‘lo mejor del año’ con criterios impuestos por sus editores. En ‘Babelia’ de El País no se recogían libros de pensamiento, frente a ‘El Cultural’ que sí contempla ese apartado.
Precisamente el más valorado en este suplemento de El Mundo fue el libro del historiador francés Alain Corbin, Historia del silencio (Ed. Acantilado. Barcelona, 2019), que sí fue objeto en su día de críticas positivas en ciertos suplementos, como recoge la propaganda de su editorial.
No es accidente por lo tanto, que una revista cultural de derechas (perdóneseme el oxímoron) como Nueva Revista, en su nº 170 / 2019 lo reseñe ampliamente.
Adquirida, con otros textos, como lecturas bifrontes para la espera de ese Jano, dios de los comienzos, que supone el mes de enero, el librero te regala la libresca revista (gratuita) Mercurio que, como  buen  géminis, no debía rechazar.
Y qué casualidad. Su nº 211 nov.-dic. 2019, de su nueva andadura, está monográficamente dedicado al silencio, con artículos sugerentes y reseñas que, como no podía ser de otra manera, incluyen el antedicho libro de Corbin.
¿Llaman serendipia a ese hallazgo inesperado que se produce por destino, sin buscarlo? Pues heme aquí prestando, por serendipia, atención al silencio, reflexionando sobre él. Una buena manera de atravesar la puerta del nuevo año.
El silencio, además de abolir el tiempo, abre un espacio, nos sugiere Andrés Ibáñez. Y haciendo gala de sobriedad, en estos tiempos de ruido y furia, procuraremos guardar ya silencio, para que la vida no sea más un cuento contado por un idiota.