11.1.22
Cazando brujas.
10.1.22
Culposa, no dolosa.
De todas las necesidades del alma humana, ninguna es tan vital como el pasado. Esa necesidad no consiste en querer vivir en otra época, sino en conservar un vínculo, en escapar a la tiranía del presente y al barullo de la actualidad.
9.1.22
L’Angelo Misterioso
(by Google)8.1.22
La vida es un fenómeno raro e imprevisto.
"Vivir es ver volver". Azorín
7.1.22
Dura lex.
[a propósitode A.E.]
¿Quién se agarra a La Verdad?
Un equívoco común que se produce al establecer la diferencia entre hechos y opiniones es la tácita confusión entre categorías éticas y categorías jurídicas.
Casi todas las categorías éticas están contaminadas por
las jurídicas, así: responsabilidad, culpa, inocencia, absolución, etc.
Los juristas saben perfectamente que el derecho no tiende en última instancia al establecimiento de la justicia, ni siquiera de la verdad.
El derecho tiende con exclusividad a la celebración del juicio, con
independencia de ellas, ya que la fuerza de la cosa juzgada sería su fin
último.
La naturaleza jurídica no es norma sino juicio, esto es proceso. El juicio es en sí mismo el fin.
Si todo derecho deviene sólo derecho procesal, la inocencia y la culpabilidad pierden importancia.
Lo verdadero y lo justo son sustituidos por la sentencia, que vale como verdad aún a costa de su falsedad e injusticia.
(by google)
6.1.22
Dizzy atmosphere.
[in memoriam Cifu]
ATMÓSFERA VERTIGINOSA.
En distintos programas de radio llevabamos escuchando hace tiempo con cierta asiduidad, un tema remasterizado que inmediatamente nos conduce a los viejos vinilos de jazz que conservas guardados con el arcaico plato que funciona de milagro. En una recopilación para su venta, cierto presentador ha resucitado ‘Swing Low, Sweet Cadillac’, una particular, irónica, jocosa pero grave, versión de Dizzy Gillespie del clásico espiritual antiguo ‘Swing Low, Sweet Chariot’ que solía interpretar desde años atrás. Y ha resucitado una de de sus últimas versiones grabadas que se encuentra entre álbumes muy escuchados por ti hace tiempo. Ha sido un tema en el que siempre Dizzy ha incorporado, aparte de sus improvisaciones con su original trompeta, unas letras que, por comicidad, pero sobre todo por dicción, lo han hecho característico.
Se dice que Gillespie aprendió a cantar, es un decir claro, del cubano que nunca estudio inglés Chano Pozo que, incorporado a su orquesta, le aportó, con bongos y congas, influencias rítmicas con un sabor que luego se denominó jazz afrocubano y un par de temas por lo menos, ‘Manteca’ y el más logrado ‘Tin Tin Deo’ que quedaron incorporados al repertorio canónico de Gillespie. También, la prematura muerte de Pozo por sobredosis de drogas, dejó marcado a Dizzy, aunque no tanto como la psicotrópica descomposición de su amigo íntimo, el saxo Charlie Parker, con el que se considera que inventaron el bebop y con el que después de un glorioso 1945, con al menos cinco conciertos; cuatro, en febrero, mayo, junio y noviembre en la calle 52 de New York y el último, en diciembre, en Hollywood [de los que poseo grabaciones de esa fructífera colaboración entre Bird y Dizzy] no volvió a colaborar casi, nos consta si acaso una grabación en 1947, hasta el mítico concierto en el Massey Hall de Toronto en 1953. Habiendo seguido entonces desde aquel annus mirabilis, dos caminos suficientemente diferenciados, el de Parker, corto, muy corto, con Miles Davis, también trompeta y discípulo que supo brillar extraordinariamente por cuenta propia, y el de Gillespie con su Big Band, transformándose con el mayor ahínco posible, en un personaje circense que utilizó la música casi como terapia, ya que como acabó confesando: “No quería hacer nada trascendente sino pasar un buen rato” o, al achacarle su comercialidad posterior a los 50, su cinismo: “Yo no estoy interesado en pasar a la historia, quiero comer”. Pero esa música combinó simpatía por los ritmos afrocaribeños y sudamericanos con la esencia del bop, al que nunca pudo renunciar, con sus extrañas armonizaciones y disonancias, su pulso rítmico casi salvaje en pasajes de doble tiempo, en esa heterodoxa manera de tocar que hacia gala del mote, ‘dizzy’ (vertiginoso), que a John Birks Gillespie, su verdadero nombre, que había nacido en 1917 en Carolina del Sur, le habían asignado desde que aprendió a tocar la trompeta. [En su autobiografía [*] Gillespie prefiere que se le asocie el alias con el significado más figurado de 'alocado'].
La otra versión, la ahora remasterizada, estaba en Impulse y se trata de la que da título al LP que recoge las sesiones en Los Ángeles en mayo de 1967, de Gillespie en quinteto. Una versión ésta, donde las réplicas del saxo alto y flauta James Moody y una sólida actuación de la sección rítmica, piano, batería y bajo Fender, recuperan al mejor Gillespie fiel conocedor por instinto que sin progresión de acordes no puede haber ninguna lógica formal entre discordancia y resolución que sostenga una improvisación.
La procelosa búsqueda ha dado otros frutos. Un Dizzy con sesenta años, sin atildaduras ni aderezos, con sabiduría, graba dos pequeñas joyas. Una sesión en Londres con el pianista Oscar Peterson en 1974 y otra en Las Vegas en 1977, con un casi octogenario pero inconmensurable ‘Count’ Basie, donde se escucha una lectura por ambos del añejo blues 'St. James Infirmary' que rememora, a parte del clásico duelo de los cuarenta entre swingers y bopers, un origen común, una música seminal sin la cual ninguno de los músicos hubiera llegado al lugar donde, cual santos de nuestra devoción, los tenemos colocados en nuestra memoria. Venite adoremus.
Alocado again.
Film con Gillespie y su Big Band en 1947, convirtiéndose cada vez más, de un gran instrumentista en un gamberro, un payaso a veces, en ese papel de alegre desacomplejado y despreocupado que ocultaba, quizás, todo el desencanto, la impotencia y la amargura que padeció.
3.1.22
Diario de errores.
1.1.22
Principio de año brechtiano
El señor V. no estaba a favor de las despedidas, ni de los saludos, ni de los aniversarios, ni de las fiestas, ni de concluir un trabajo, ni de iniciar una nueva etapa en la vida, ni de los ajustes de cuentas, ni de la venganza, ni de los juicios concluyentes.
(Historias del señor ...)









